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Thor Heyerdahl y "Rapa Nui". XVIII


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Durante el periodo medio se daban en el Ombligo del Mundo (o Rapa Nui o la isla de Pascua) dos condiciones: la presencia de una población muy numerosa – se ha llegado a hablar de 15 a 20 mil habitantes – y una disponibilidad de materiales suficientes, para el empleo de procedimientos mecánicos, que el hombre ha utilizado desde tiempos remotos, cuando empezó la llamada revolución neolítica.

Mediante las cuerdas “hau-hau” y, contando con abundante mano de obra, era posible traccionar y levantar los macizos titanes, hasta colocarlos sobre dos maderos en forma de Y, con el mentón apoyado en el horcajo definido por ambos. Así se podía desplazar la figura, sobre rodillos de troncos sin dañarla. “Este método explicaría en parte, la posición en que aparecen las estatuas, abandonadas a medio camino: siempre caídas de bruces y, con el vértice cefálico, dirigido hacia el punto de destino” (R. Campbell).

La redargución (Acción impugnatoria para destruir la eficacia de un instrumento probatorio de tipo público) de tal hipótesis, consistía en que, el descomunal peso de los moáis, haría esta faena imposible o, cuando menos, inaceptablemente onerosa, en relación con la tardanza en ejecutarla. Pero en Rapa Nui había miles de indígenas, obligados a trabajos forzosos y, en cuanto al tiempo, dadas las singulares circunstancias de su hábitat, se trataba de un factor, al que nadie coincidía la menor importancia. Por otro lado, la expedición noruega encontró también indicios, de una posible – y probablemente simultánea – alternativa de transporte: el realizado por vía marítima. Tres de los cilíndricos y rojos “pukao” de las estatuas, fueron localizados en aguas poco profundas, rente a lo que parecía ser una caleta, despejada de rocas, por los antiguos pacenses ¿Muelles de descarga? ¿Se utilizaron alguna vez, las embarcaciones de cañas de totora, tan ágiles y livianas, como capaces de soportar pesos enormes, para navegar a lo largo de la costa, con un moái a bordo?

Entretanto, usando argucias que estimulaban el amor propio de los isleños, Thor Heyerdahl logró que el alcalde, Pedro Atán – un “oreja larga” descendiente de Ororoina, el único superviviente de su raza, tras el exterminio de esta en la fosa de Iko – le prometiera, mediante una apuesta, trasladar una estatua – de tamaño menor, eso sí – e izarla encima de su “ahu” por “procedimientos antiguos” (cuerdas, troncos y rampas de piedra). Promesa que D. Pedro cumplió, en los 18 días acordados como plazo límite, por lo que el noruego tuvo que abonarle, los cien dólares pactados en el envite. El resultado puede contemplarse hoy, en la playa de Anakena, donde el “Alture Huki” (el moaái en cuestión) se alza sobre su pedestal original. Una placa conmemorativa, en la base de la plataforma, recuerda al visitante que el “Alture Huki”, fue el primero de los colosos andarines, en recuperar su sitio y, su posición erecta, después del siglo transcurrido, desde que el último de su especie fuera derribado, a consecuencia de las guerras tribales del tercer periodo.

La edad de oro fue, en la historia del “Ombligo del Mundo”, la época en la que hubo mayor producción, mejor alimentación, menos ocio y máxima creatividad artística y, profusión de obras monumentales ¿Cómo habría concluido, aquella evolución local de la técnica estatutaria? ¿A dónde habría podido conducir, la poderosa inventiva de sus artífices? Nadie lo sabe. Porque antes de que se alcanzase el límite de lo posible, comenzaron las guerras intestinas que, como nubes precursoras de la tormenta, llevarían a los habitantes de la isla, a la más absoluta decadencia, en un retorno en picado, a la Edad de Piedra.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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