Incertidumbre. La entropía. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La visión de la omnisciencia científica, en la cual cada partícula del universo tiene que seguir leyes estrictas y racionales, queda capturada en la famosa frase del marqués de Laplace, uno de los principales seguidores del siglo XVIII del newtonianismo en su esplendor matemático:
“Podemos considera el actual estado del universo, como el efecto de su pasado y la causa de su futuro. Una inteligencia que, en cualquier momento determinado, conociera todas las fuerzas que mantiene viva la naturaleza, y las posiciones mutuas de los seres que la componen, si esta inteligencia fuera lo bastante grande para someter los datos a un análisis, podría condensar en una única fórmula el movimiento de los grandes cuerpos del universo y, del más liviano de los átomos. Para una inteligencia así nada sería incierto y, el futuro igual que el pasado, estaría presente ante sus ojos”.
Nada sería incierto: éste era el punto crucial. Destrozando las palabrea de otro francés, podemos decir: Tout comprende c’est tout predire, comprenderlo todo es predecirlo todo. De una perspectiva tan ostentosa, se desprenden todos los clichés habituales sobre el mundo como una máquina, el universo como un mecanismo de relojería y, de todas las ciencias como deterministas e inexorables en última instancia.
Por otra parte, como los físicos comprendieron rápidamente, cualquier esperanza de calcular realmente, el comportamiento individual de cada uno de los átomos, o moléculas de un volumen de gas, no solo era inalcanzable, sino evidentemente absurda. Co el fin de llegar a algo práctico, a base de teorizar sobre cantidades ingentes de átomos y moléculas, los físicos tuvieron que recurrir a descripciones estadísticas de su comportamiento y, prescindir de la utópica meta del conocimiento perfecto. Este compromiso se reveló de forma más sorprendente, en la segunda ley de la termodinámica: la que trata sobre la “entropía” (magnitud física que, mediante cálculo, permite determinar la parte de la energía por unidad de temperatura, que no puede utilizarse para producir trabajo) y la competición entre orden y desorden.
El calor fluye de los cuerpos calientes hacia los fríos, pero, evidentemente, al revés no. En 1865 el físico alemán Rudolf Clausius declaró que Entropie strebt ein Maximum zu, acuñando un nuevo término: “La entropía tiende hacia un máximo”. Ese máximo se alcanza cuando el calor se extiende por todas partes, de la forma más uniforme posible. Si ponemos un par de cubitos de hielo en un refresco, el calor fluye desde el líquido hacia el hielo, de forma que este se derrite y la bebida se enfría. En este proceso, la entropía aumenta.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.