Talleyrand. Los pies. Los culpables. III
Desde su primera infancia Talleyrand se vio obligado, pues, a andar apoyado en una especie de muleta rudimentaria. Pude verse su calzado “especial “en su mansión de Valençay y, en el Museo Carnavalet de París. El zapato tiene la forma de un pie de elefante de armadura metálica, completado por una férula de hierro que discurre por la parte interior de la pantorrilla y, se fija, por debajo de la rodilla, a un sólido collar de cuero. Su visión estremece como la de un instrumento de tortura. De todos modos, frente a esta versión que sostiene el propio interesado y, que no se discutió en un principio, a lo largo del siglo XIX y del que le siguió, otros especialistas mantuvieron muy pronto, que el defecto era hereditario y, que el niño nació “marcado”. Además, como el sabio doctor e historiador Agustín Cabanès (1862-1928) sostenía que este defecto venía acompañado de anomalías intelectuales y morales, el detalle encantó a los que de entrada detestaban al personaje. Explicaba la maldad de aquel auténtico “monstruo de la naturaleza”, al que odiaban más que a ningún otro hombre de la época. Pero seguramente Cabanès no se equivocaba del todo.
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