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Afganistán. Los talibanes y las mujeres. I


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Probablemente, el aspecto que dio más fama (mala) a los talibanes, fue el horrible trato dispensado a las mujeres. De la noche a la mañana, el término “burka” (de origen árabe, pero no de Afganistán, donde se denomina “chadri”) pasó a ser internacionalmente conocido, y se iniciaron las primeras campañas de denuncia en el extranjero, del nuevo régimen. En la práctica, sin embargo, la situación de la mujer afgana, no había sufrido alteraciones significativas, durante el siglo XX, a excepción de en los núcleos urbanos. Pero incluso en estos últimos, la posición de las mujeres en la sociedad, había ido empeorando, desde comienzos de la década de los noventa, y se había puesto fin, a buena parte de las mejoras de su condición, iniciada en los años cincuenta.

Las medidas adoptadas por los talibanes, no supusieron en sí un cambio espectacular, en la vida de la mayoría de las mujeres afaganas. Pero el control talibán del 90% del territorio, Kabul incluido, y su consiguiente pacificación, puso en evidencia, la situación de la población femenina. La prensa extranjera, tendió a sobredimensionar la importancia de Kabul, donde los talibanes se mostraron extremadamente rígidos, mientras que en las áreas rurales, donde se concentra la mayoría de los habitantes de Afganistán, los cambios fueron pocos y muy limitados. Sólo la burguesía kabulí y de otras ciudades, que habían abandonado el velo hacía una generación, recibió con estupefacción y dolor, las estrictas medidas decretadas, por los nuevos amos del país. En cambio, para las mujeres del campo, que siempre carecieron de educación, de sanidad y de trabajo asalariado, la llegada de los talibanes tuvo elementos positivos, porque supuso el fin de la guerra, y el regreso de la seguridad.

Durante la década de 1980, los territorios controlados por los comunistas, se caracterizaron por el avance social de la mujer. Entre las reformas del régimen marxista, figuró, siempre en lugar destacado, el aumento de las libertades y derechos para las mujeres, que constituían el 15% de los miembros del partido comunista. En eso influyó sin duda la situación del país, envuelto en una dura guerra, y con un Gobierno comunista, cada vez más contra las cuerdas, y que necesitaba reclutar el mayor número de hombres, para el frente. En consecuencia, había que cubrir los puestos de trabajo, que iban dejando esos hombres que marchaban a la guerra, y fueron cada vez más mujeres, quienes los ocuparon (algo que ya había ocurrido, en los países occidentales, durante la Segunda Guerra Mundial). En algunas áreas, como los estudios universitarios, eran mayoría las féminas, mientras que en otros, como el Ministerio de Educación, constituían el 43% del personal, además de multiplicarse los trabajos de profesora, de primaria y secundaria.

La llegada al poder de los muyahidinis en 1992, supuso un punto de inflexión. La política de los nuevos gobernantes, que combinaron tradición y religión, incorporó rápidamente, una actitud hostil hacia los progresos realizados, en el ámbito de los derechos de la mujer, durante el régimen comunista. Divididos en moderados y radicales, los diferentes grupos, de la antigua resistencia antisoviética, decidieron repartirse el poder. En ese reparto, el Ministerio de Educación fue adjudicado al Hizb-i Islam de Khales, partido islamista radical y extremadamente conservador. Su primera decisión fue declarar innecesario, que las niñas fueran a la escuela y, decretar el cierre de todos los centros educativos femeninos. La situación fue empeorando rápidamente: prohibición de salir en televisión, prescripción de vestir a la manera islámica, e imposición de unas reglas de conducta (no perfumarse, no hacer ruido al estar en la calle, no hablar alto ni con extraños, pedir permiso a sus maridos para salir de casa…). Más adelante, se ordenó la expulsión de las mujeres, de la Administración pública, y de cualquier tipo de trabajo fuera del hogar. El burka fue declarado de uso obligatorio en la capital, ya en 1992.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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