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Talleyrand. Los pies. Los culpables. II


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Charles-Daniel, padre de nuestro Charles Maurice de Talleyrand, contrajo matrimonio en 1751 a los 16 años, con Alexandrine-Victoire Léonore de Damas d’Antigny, seis años mayor que él, perteneciente a una familia noble de Borgoña venida a menos. El matrimonio fue, al parecer, muy feliz, cosa rara en la época y, tuvieron cuatro hijos: el primogénito murió muy joven y, la siguieron Charles-Maurice, Archambaud y Bosson. Y como Alexandrine era dama de honor de la segunda delfina, María José de Sajonia, Luis XV les concedió una pensión para “completar” los ingresos familiares (en especial, el sueldo de militar del padre, brigadier y luego coronel, del ejército real).

Las muertes del delfín en 1756 y de la delfina en 1767, padres del futuro Luis XVI, a los que los Talleyrand se hallaban especialmente vinculados, solo consiguieron empeorar las cosas, pues la madre de Charles Maurice, no logró ganarse un lugar, en el círculo de amigos de la caprichosa María Antonieta. Aunque nuestra protagonista no destacó por su amor filial, seguramente porque sus progenitores hicieron muy poco por merecerlo, nunca olvidó las dificultades económicas que rodearon su infancia, sobre todo si comparaba su posición, con la holgadísima de su tío, el Conde de Périgord y, de toda la descendencia Chalais.

En cualquier caso, en la aristocracia del ancien régime, las relaciones entre padres e hijos solían ser muy frías y distantes. Los padres de los niños de buena familia, se interesaban poco por sus vástagos, hasta que no cumplían los doce o catorce años y, podían “entrar” en la sociedad que les esperaba. Era entonces cuando tocaba decidir, qué se podía hacer con ellos. Por otra parte, el famoso manual Emilio, o De la educación de J. j. Rousseau, que intentó cambiar las cosas y, no pocos padres tomaron como manual para la educación de sus hijos, no se publicó hasta 1762, cuando nuestro protagonista tenía ya ocho años. Solo le faltaba que una mala jugada del destino, le hiciera perder la primogenitura.

Como ocurría por lo general con los infantes de su clase, Charles-Maurice fue enviado a un faubourg de París, para que lo criara una nodriza hasta los cuatro años. Nos lo cuenta el propio Charles-Maurice en sus Memorias del príncipe de Talleyrand. En líneas generales son bastante creíbles porque, aunque calla lo que no le interesa que se sepa, no suele mentir. Talleyrand fue a lo largo de su vida, un celoso dueño de sus silencios, que fueron muchos, pero casi nunca pretende engañarnos:

“A los cuatro años… la mujer con la que me habían puesto a pensión me dejó caer de encima de una cómoda. Me dañé un pie (el derecho). Pasó meses sin decirlo y, solo se dieron cuenta cuando me vinieron a buscar para enviarme al Périgord, a casa de Mme. De Chalais, mi bisabuela… Por entonces había pasado demasiado tiempo desde el accidente como para poder curarme. El otro pie, que a lo largo de aquel tiempo de dolor tuvo que soportar solo el peso de mi cuerpo, se había debilitado. Quedé cojo de por vida”.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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