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Afganistán. Los talibanes y las mujeres. III


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Al principio, los talibanes no mostraron una oposición frontal, a la enseñanza femenina, pero enseguida se mostraron incapaces, de instaurar un sistema educativo, basado en la separación de sexos, lo que hacía que, en la práctica, las niñas no recibieran educación, a partir de los diez años. No obstante, la política educativa de los talibanes no fue uniforme, sino que varió según los territorios. En Kabul, considerado el escaparate del país, el control era más estricto, pues la mentalidad pastún, tribal, religiosa y rural de los talibanes, consideraba la cultura urbana, como contraria al Islam, y la capital era el epicentro, de esa supuesta idolatría. Así, el cierre de las escuelas femeninas en Kabul fue total, y las profesoras se quedaron sin empleo. Además, entre septiembre de 1996 y mayo de 1997, la Universidad de Kabul permaneció cerrada y, tras su reapertura, no se admitieron mujeres. Este hecho, también tuvo consecuencias en la educación masculina; no en vano, teniendo en cuenta que eran mujeres el 70% de los profesores no universitarios, la prohibición del derecho de las mujeres a trabajar, implicó que numerosas escuelas masculinas, también tuvieran que cerrar. En muchos casos, la enseñanza quedó a cargo de los mulás, con conocimientos pobres y exclusivamente de tipo religioso. El impacto de las medidas fue profundo en Kabul, pero también en Herat, donde el grado de educación y cultura, tanto femenina como masculina, era notable.

Entre la élite, el choque de estas medidas fue enorme. Los progresos de las últimas décadas, desaparecieron de un plumazo, y muchas mujeres decidieron exiliarse. Las mujeres que se oponían firmemente a las restricciones, solían contar con el apoyo de sus padres, maridos e hijos, que tampoco aceptaban los excesos de los talibanes. Pero incluso en este caso, era peligroso, porque los gobernantes podían responsabilizar a los parientes masculinos, de las actividades de las mujeres, y castigarlos por ello duramente.

El acceso a la sanidad no estaba prohibido, como se ha creído con frecuencia, sino estrictamente reglamentado. El objetivo era asegurar, la segregación total de ambos sexos en los hospitales. La ida clave era, que los hombres sólo serían atendidos por doctores y enfermeros, y las mujeres por personal médico femenino. Sin embargo, la prohibición de trabajar fuera del hogar, también afectaba a este último colectivo, y su actuación, por tanto, fue siempre limitada. Fue necesario, entonces, que los médicos pudieran tratar a las mujeres, pero ¡ojo! sin entrar en contacto físico con ellas. Así se llegó a la patética situación, en la que el doctor, debía conocer las dolencias de sus pacientes femeninas, a través de los que estas – embutidas en sus burkas o separadas por una cortina – le explicaban. La falta de una red sanitaria, mínimamente organizada, hizo que la tasa se mortalidad, de hombres y mujeres, aumentara mucho.

En la práctica, los talibanes mantuvieron una actitud ambigua, en sus relaciones con el sexo femenino pues, por un lado obligaron a las mujeres de las ciudades, a cubrirse con el burka, pero por otro lado no lo exigieron, por ejemplo, en el caso de las nómadas (en su mayoría pastunes), posiblemente para no enfrentarse con sus propias tribus. Al no saber hacer frente al problema de la enseñanza, los talibanes acabaron divididos en un bando más moderado, partidario de adoptar una posición menos rígida, y un bando radical, defensor a ultranza de las medidas establecidas. En el primer grupo, estaban la mayoría de los integrantes del Gobierno, con sede en Kabul, que eran conscientes de la mala imagen del régimen en el exterior, por culpa del trato dispensado a las mujeres. Sin embargo, el núcleo duro, integrado en torno a la shura de Kandahar, se negaba en redondo, a ceder en sus posiciones, alegando que ello afectaría, a la naturaleza misma del régimen.

En su mentalidad extremadamente conservadora, en la que una de las ideas básicas, es la defensa del honor del hombre y la familia (del que la mujer es depositaria y emblema), consideraban que su obligación, después del daño ocasionado por dos décadas de guerra, era proteger en primer lugar a las mujeres. Partiendo de esta idea, según ellos, lo mejor era encerrarlas en el hogar, y restringir, en la medida de lo posible, sus movimientos fuera de casa.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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