Bertrand Russell. Factores intelectuales y conducta humana. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
¿Hasta que punto cabe considerar que en las creencias, resida la causa de las acciones? Analicemos una jornada ordinaria, en la vida de un hombre corriente. Comienza levantándose por la mañana, probablemente por la fuerza de la costumbre, sin necesidad de que intervenga creencia alguna. Toma el desayuno, coge el tren, lee el periódico y, acude a la oficina, todo a impulsos de simple hábito, hábitos que se formaron en algún momento del pasado. Esas “reglas” son meros hábitos del cuerpo, como las que pueda exhibir un jugador de tenis. Las adquirió en la juventud y, no a causa de una fe intelectual, que le instara a creer que respondían a la verdad, sino por complacer al jefe, al maestro y/o a los padres. Del mismo modo que un perro aprende a sentarse sobre las patas traseras, para solicitar su comida.
Sea como fuere, si ese hombre resultara ser, socio o director de la empresa en que trabaja, podría darse la circunstancia de que a lo largo del día se le requiriera, para tomar alguna decisión espinosa. Y en la orientación de esa decisión, sí que es probable que intervenga, en parte, la creencia. Nuestro hombre piensa que unas cosas han de mejorar y, que otras, en cambio, empeorarán. Y si se le considera un hombre mucho más importante que el simple empleado y, se le asigna un sueldo muy superior, es justamente porque se le pide que actúe más, en función de sus creencias que de los meros hábitos, aunque siempre a condición de que sus creencias se revelen ciertas.
En nuestra vida doméstica, el porcentaje de ocasiones en que una creencia, dé en funcionar como causa de una acción, es similar. En circunstancias ordinarias será el hábito, o el instinto modelado por aquel, lo que rija la conducta que el hombre de nuestro ejemplo, manifieste en relación con su esposa e hijos. Pero en las grandes ocasiones, si ha de decidir en que escuela habrá de matricular a su hijo, o si halla razones para sospechar, que su esposa le es infiel, no podrá dejar que el hábito le guíe por completo. Y si llegan a su conocimiento pruebas, que le muestren que la infidelidad de su esposa es real, es muy probable que su condición de marido despechado, se rija por el mero instinto, aunque en este caso sea una creencia, la que ha puesto en marcha el instinto, siendo por tanto aquella, la creencia, la causa primera de todo cuanto siga.
De este modo y, a pesar de que no quepa imputar a las convicciones, sino una parte pequeña de nuestras acciones, los actos que si pueden atribuírseles son, justamente, los que mayor importancia revisten para nosotros, dado que determinan en gran medida, la estructura general de nuestras vidas. Debemos destacar, en particular, el hecho de que nuestras acciones religiosas (para quien no es agnóstico) y políticas, guardan estrecha relación con las creencias.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.