Incertidumbre. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Como decíamos, parece ser que los hechos no son esas cosas simples y sólidas que suponíamos. En la descripción clásica del mundo natural como una gran máquina, se había dado por supuesto que todas las partes funcionales de la maquinaria, podían definirse con una precisión ilimitada y, que todas sus interconexiones podían comprenderse con exactitud. Todo tenía su sitio y había un sitio para cada cosa. Para tener la esperanza de comprender el universo, primero había que suponer que se podía averiguar, pieza a pieza, cuales eran todos los componentes del universo y cuál era su cometido. Al parecer, Heisenberg decía que no siempre se puede averiguar lo que uno quiere saber, que la capacidad para describir incluso el mundo natural era limitada. Si uno no puede describirlo como quiere, ¿cómo puede esperar conocer sus leyes?
Las implicaciones del descubrimiento de Heisenberg eran confusas. Y llegaba pisándole los talones a una observación igualmente notable y asombros que Heisenberg había realizado dos años antes, cuando, en un momento de inspiración visionaria, cayó en la cuenta de cómo construir la teoría que se dio en conocer como “mecánica cuántica”. Mientras que el reto del mundo físico, luchaba por mantener el ritmo, Heisenberg, con la pureza de visión del hombre joven, estaba ansioso por seguir adelante, reescribiendo las reglas fundamentales de la física en un nuevo y abstruso lenguaje teórico, que ni siquiera el mismo lograba entender del todo. Pero Niels Bohr, un hombre dado a la reflexión lenta y, a veces, cuidadosa hasta la exasperación, vio la necesidad de asimilar el nuevo lenguaje al viejo. La tarea más difícil, aunque esencial era, a su juicio, comprender la nueva física cuántica, sin lanzar por la borda los éxitos, tan arduamente conquistados, en la época previa.
Una nueva voz se sumó a la disputa. En la época en que Heisenberg anunció su principio, Albert Einstein tenía ya casi cincuenta años. Era un viejo hombre de ciencia, respetado, admirado, pero al que no siempre habían prestado atención. Él, también en su día, había sido un revolucionario. En su gran año, 1905, con su teoría de la relatividad, había derrocado la vieja idea newtoniana del espacio y el tiempo absolutos. Los acontecimientos que una persona percibe como simultáneos, pueden parecer a otra secuenciales, como si sucedieran uno tras otro. Heisenberg adujo, de forma indirecta, el principio revolucionario de Einstein en apoyo del suyo propio: diferentes observadores ven el mundo de forma diferente.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.