Incertidumbre. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Si la ciencia es el intento de extraer orden de la confusión, a principios de 1927 tomó un rumbo insospechado. En marzo de ese año, Werner Heisenberg, un físico de tan solo 25 años de edad, aunque ya casi de fama universal, escribió un excelente razonamiento científico que era a la vez simple, sutil y asombroso. El propio Heisenberg apenas podía decir que sabía exactamente lo que había hecho. Luchó por encontrar una palabra apropiada que captase su sentido. La mayor parte del tiempo utilizaba un término alemán que se traducía como ”inexactitud”. Un par de veces, con una intención ligeramente diferente, realizó un intento como “indeterminación”. Pero bajo la insoportable presión de su mentor y ocasional supervisor Niels Bohr, Heisenberg añadió a regañadientes una posdata que catapultó al escenario una nueva palabra: incertidumbre. Fue así también como el descubrimiento de Heisenberg llegó a ser conocido de forma indeleble, como el principio de la incertidumbre.
No es la mejor palabra. En 1927 la incertidumbre apenas si era conocida por la ciencia. En el interminable ir y venir entre experimentación y teoría, es la incertidumbre la que indica a los científicos como deben proceder. Los experimentos siempre investigan los detalles mucho mejor. Las teorías experimentan ajustes y revisiones.
Cuando los científicos han resuelto el desacuerdo a un nivel determinado, pasan al siguiente nivel. La incertidumbre, la discrepancia y la inconsistencia constituyen la moneda de cambio de cualquier disciplina científica viva.
Así pues, Heisenberg no introdujo la incertidumbre en la ciencia. Lo que cambió, y de forma muy profunda, fue su propia naturaleza y significado. Empezando por Copérnico y Galileo, siguiendo con Kepler y Newton, la ciencia moderna evolucionó a través de la aplicación del razonamiento lógico a los hechos y datos comprobables. Las teorías, articuladas en el rigoroso lenguaje de las matemáticas, estaban destinadas a ser analíticas y precisas. Ofrecían un sistema, una estructura, una explicación exhaustiva que reemplazaba al misterio y a la casualidad, por la razón y la causa. En el universo científico, nada ocurre si algo no lo provoca. Los fenómenos de la naturaleza pueden ser extremadamente complicados, pero, en el fondo, la ciencia tiene que revelar el orden y la previsibilidad. Los hechos son los hechos, las leyes son las leyes. No puede haber excepciones.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.