Existe un hilo conductor en la política y en la gestión de los conservadores en España. Un hilo que traspasa décadas y regímenes políticos. Actúan siempre, siempre, pero siempre, siempre en su único y propio beneficio. Todos los casos naturales de corrupción que se cometían durante la dictadura después siguieron siendo, naturalmente, la lógica de actuación de sus continuadores. Por eso, cada vez que un diputado, senador o político de amplio espectro de la derecha va a comenzar a hablar, ya sea en lo dicho o en la intención, siempre veo el subtítulo “pro domo sua”. Todo lo que dicen va en su único interés. Como mucho, y estirando el chicle, es un por “mí y por mis actuales compañeros”. En ocasiones lo legitiman con algún adjetivo liberal: el dinero mejor en el bolsillo de cada uno. Con el paso del tiempo se revela quién es cada “uno” en la lista de los cuarenta principales corruptos.