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Que no digan luego


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Que fue sin querer. Que nunca pensaron las consecuencias reales de erosionar las instituciones y demoler su legitimidad democrática. Y ahí va la militarización de la justicia con jueces militantes que se aplican la venda con ojo avizor. Que no vieron que su tacticismo estratégico terminaría como podría terminar. Llevar al borde del abismo la democracia española, bajo el palio de una ambición ciega reconocida a toro pasado, o la justificación postrera del “no queríamos esto”,solo el poder, haría aún más dolorosa la pérdida. El monstruo que están alimentando con sus palabras nos devorará a todos, nosotros, vosotros y ellos incluidos. Denunciar España como un estado policial, tras su definición operativa, no son solo palabras o una forma algo extrema de hacer política. Pierde su naturaleza de política para convertirse en el umbral hacia otra cosa.

Si arriba es la ambición de poder, aquí se añade el negocio y el lucro que no cesa. ¿A nadie le sorprende que todos, todos, todos los resultados de las encuestas de los medios a medias y de los pseudomedios enteros sean perfectamente previsibles? ¿Y que estos sean siempre, siempre, siempre consistentes con la política editorial que exhiben sus editoriales políticas? Les hago un resumen: la mayoría de los españoles quieren ya elecciones generales (incluidos los progresistas), opinan que el Presidente Pedro Sánchez es el responsable último de lo que sea, prefieren al líder del PP como presidente y el PP se sale del marco de las mayorías absolutas (solo o en mala compañía), apoyan la dimisión del Fiscal General del Estado tras ser imputado y si tercia dos huevos duros. Utilizar los datos de encuestas de encargo como evidencia de la realidad social, peinando canos y canas en el mismo cepillado del gobierno que quieren cardar, como que está bastante traído por los pelos de punta.

Ejerciendo su capacidad de tracción sobre los discursos del Partido Popular, el AVeCes publica una encuesta donde una mayoría demoledora pide al PP más contundencia en su oposición al gobierno. El argumento es que de no hacerlo sus votantes se marcharían a Vox. Eso es finura analítica y no la canción “Manue, no te arrime a la paré, que te va a llená de cá, de cá, de cá”. Y ese es realmente el quicio de la mancebía. Que la indiferenciación lleva a la capilaridad y no precisamente a su contrario, la impermeabilización. Y en el PP de tanto arrimarse a la pared de la ultraderecha se van a llenar de cá, cá, cá (en andaluz del original). En algún momento, ojalá, advertirán que Núñez Feijóo no es Ayuso, ni España es España dentro de Madrid. Piénselo.

Sugería Kafka que las obras humanas se caracterizan por que lo provisional permanece más tiempo que lo pensado para ser definitivo. Sumar podía haber estado encharcada en sus vaivenes organizativos hasta el no va más. Ya no es posible. El cataclismo provocado por el Christian Grey hispano obliga a Sumar a ser de otra forma y manera. La izquierda a la izquierda se reconfigura. Algo se mueve y el movimiento es síntoma de que algo está aún vivo. La pregunta es, ¿podrá Podemos volver a la vida desde ese lugar llamado deseo?

Ya estoy preparado para cambiar de estado líquido a sólido y gaseoso, 1000 grados centígrados mediante. González de remero motivado en el In Mundo. Los mismos y con el mismo paño con el que le amortajaron vivo en los 90. Si esto es socialismo no sé qué me da miedo, tal y como cantaron los poderes fácticos franquistas en 1982, cuando los del parné le vieron que tanta pana era to pa ná. Una pa nadería en la que entre tetas y olvidos hizo unos panes y peces con lo que debieron ser tortas ideológicas. Por eso, para demostrar que se equivocan los que opinan de su obra tibia en la transición, les muestra a los más jóvenes de hoy su pura estampa de socialista apurado. Si Amaral cantaba “Sin ti no soy nada”, González entona “Sin mí no sois nada”. Lo lees y concluyes que no se piensa a sí mismo de lo ensimismado que está. Al menos en Aznar se adivina el negocio.

En las elecciones de Estados Unidos importa mucho quién gane. También, y quizás más aún, el estado al que hemos llegado. Primero, la opción Trump es una elección autoritaria y fanática. Irracional y visceral. Y está empatado. Es decir, una amenaza real a la democracia. Un America First que rememora al Alemania sobre todos. Por ello, Trump está centrado en cómo cuestionar un resultado adverso, recurriendo tanto a la justicia como a la presión popular (a qué me recuerda esto). Segundo, en todo un giro hacia atrás de la historia, el gobierno israelí practica la doctrina de Lebensraum (“espacio vital”), colonizando Gaza y Cisjordania. Genocidio incluido.

Tantas personas odiando tanto. Ahora y mañana, como hace miles de años, basta con dibujar con tiza una raya en el suelo y ya tienes una razón para construir un mundo de nosotros frente ellos; una razón para ser y para odiar. Para algunos la forma y el modo se convierte en el único argumento. Frecuentemente, con el objetivo de ocupar lo que consideran su espacio vital: el poder (a qué me recuerda esto). Y al final, tanto aquí como allí, que no digan luego.

 

Catedrático de Sociología Matemática.


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