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A-justiciados


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“España no la va a reconocer ni la madre que la parió”, decían mientras cambiaban logos y colores, repintando la arquitectura institucional de la dictadura. Lo que viene siendo un chapa y pintura de toda la vida. El motor y los frenos no los tocaron. Para qué, tenían toda la fiabilidad de 40 años funcionando. En eso, mejor formar parte del cárter.

Así que, sin ser madre, pero sí viejo, llevo un tiempo largo reconociendo demasiadas cosas de la España cañí. Y me explico. Durante la dictadura, las Cortes fueron un chiste mal contado. El poder se encarnaba en el dictador y su fuente de legitimación dios y sus representantes en la tierra (clero). La judicatura era un apéndice ejecutor en el que la ley se interpretaba y reinterpretaba según sus propias fuentes de la moral. Los jueces creaban jurisprudencia según les pedía el cuerpo, despreciando unas Cortes inoperantes, de figurón. Los jueces conocían la justicia verdadera: la que perseguía a las mujeres, encarcelaban demócratas, enmudecía la libertad de expresión, reprimía huelgas y manifestaciones… La justicia que correspondía con la dictadura. No otra, evidentemente. Franco era dios y los jueces sus profetas en la vida cotidiana.

Ahora los jueces y fiscales hacen huelgas y manifestaciones contra tramitaciones de leyes que no les gustan. No las consideran conformes a su concepción de España y su derecho. Llegando a intentar paralizar la tramitación parlamentaria de leyes. Hasta el punto de que, en ese considerarse superiores en la interpretación de la justicia verdadera, arremeten contra el Tribunal Constitucional. Ni que fuera dios. La Constitución es un accidente histórico, dios y España una unidad de destino en lo universal. Cada vez que veo toga en huelga pienso en Toy Story: hasta el infinito y más p’alante.

Poca atención se prestó a las frases que soltó Feijoo en la última edición en Plaza de España. En la traca sobre la verdad, marchaba en cabeza “la justicia verdadera”. Para la derecha y la ultraderecha las leyes en democracia son “de mentira”. La verdadera justicia es como la de antes… Las leyes de igualdad, la de eutanasia, la interrupción del embarazo, la protección social, la de amnistía, todas son leyes inmorales de un legislador amoral que representa a una parte pervertida de la sociedad.

Ese es uno de los problemas y aquí la solución. Quizás deba abrirse un registro en el que los jueces, al igual que los médicos, puedan inscribirse como objetores de conciencia. Los médicos objetores de conciencia son aquellos que, basados en sus convicciones filosóficas o religiosas, se niegan a participar en procedimientos o intervenciones médicas que consideran contrarias a sus creencias. Este derecho, reconocido en España, les permite no realizar ciertas acciones médicas. Dado el panorama, y vista la aplicación de la ley de amnistía, podría ser muy conveniente una ley de objeción de conciencia jurídica, según la que los jueces puedan negarse legalmente a aplicar las leyes vigentes por razones de conciencia. Tal cual. No es buena la indefensión jurídica de los jueces que no apliquen las leyes por motivos de conciencia. No sea que algún juez concienzudo les administre sin mala conciencia la ley legal.

Y vuelven al aire las oscuras golondrinas y los aguiluchos, los jóvenes fascistas y la desfachatez de los fachas. Y regresa la prensa del movimiento en un movimiento que prensa la democracia. Era de prever. Con el tiempo se descascarilla la capa de pintura y aparece debajo el verdadero rostro de la España franquista y sus abusos conforme a verdadero derecho. La transición al posfranquismo la definió todo lo que no se hizo, de tal forma que lo que retorna son las formas; el fondo, la sustancia, el significado siempre estuvo ahí.

No todos vienen de frente y cara al sol. Otros apuñalan embozados. En todo esto, aprecio la humanidad de Pedro Sánchez. Aún sangra y sufre. Pocos dolores como la confianza traicionada. He conocido demasiados “impertérritos”. En la Universidad se les llama pieles de rinoceronte: nada les afecta y todo les resbala. En el Congreso abundan y van a lo suyo. No son un banco de peces. Forman una bancada de tiburones de boca viva y ojos muertos. Los ojos son el espejo del alma. Cuando puedan, mírenlos a los ojos y verán todo lo que esos ojos no quieren ver. Durante la primera y la segunda guerra mundial demostramos al mundo que no los necesitábamos. Para odiarnos y matarnos nos bastábamos nosotros solos. Parece que seguimos igual de empoderados. Por lo pronto, donde ponen el ojo ponen el insulto.

 

Catedrático de Sociología Matemática.


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