La nueva “entente cordiale” y las colas de león
- Escrito por Antonio F. Alaminos
- Publicado en Opinión
“Entente cordiale” es la denominación de un tratado de no agresión y regulación de la expansión colonial entre el Reino Unido y Francia el 8 de abril de 1904. Ciento veintiún años más tarde, el primer ministro del Reino Unido y el presidente de Francia se reúnen con Trump para entregar el testigo (aunque aún no lo saben). La nueva “entente cordiale” es entre Estados Unidos y Rusia. Lo he escrito muchas veces. La historia es tan repetitiva que a nada que viviéramos doscientos años estaríamos en un continuo déjà vu. La globalización, como era de esperar, ha mutado en una jerarquía neocolonial y estamos en la fase de establecer mundialmente el orden mediante el picoteo (pecking order).
La plutocracia es una forma de oligarquía donde gobiernan los ricos y el poder económico impone sus intereses particulares como fines generales. Lo que estamos viviendo es un cambio de régimen y sus consecuencias; de ahí todas las contradicciones. Trump exige más gasto militar en la OTAN, una organización creada para defenderse de posibles amenazas desde Rusia, mientras impide que Ucrania, una nación atacada por Rusia, entre en la OTAN. No es paradójico. Es picoteo. Prácticamente todo en Trump son declaraciones de picoteo, para establecer cuánto te dejas avasallar y de ahí ponerte en tu sitio. Recuerden que se trata de plutocracias y el oro no tiene ideología ni idioma. Y la política, tal y como la entienden los plutócratas, tampoco. Y eso duele sí, en el europeo amor propio patrio. Estados Unidos, Rusia y China tratando a Europa como si fuera África o América Latina.
Cambiando de tercio. Un insulto dice más de quien insulta que de quienes reciben el insulto. Entre otras razones, le insultarán recurriendo a lo que más temen aquellos que insultan, lo que más les duele, lo que más les afecta emocionalmente. Un insulto es una pedrada y su solidez es pétrea. Sin fisuras racionales ni quiebra argumental. No hay forma ni manera de razonar con una injuria y mucho menos con la boca que la arroja.
La vida pública española se ha llenado de insultos. Injurias verbales que algunos llevan como camuflaje del nada decir. Tellado sin ir más allá. Ahora importa mucho diferenciar entre insulto e información. Algo que, en tertulias de pro y sobre todo de popa, confunden con frecuencia. Parten de la confusión de un insulto con una información y ya, desde ese punto de vista falso y falsificador, avanzan en razones. Me permito un ejemplo, totalmente pertinente para la caza de brujas iniciada por los Quienpu Queha (qué pronto olvidamos el big bang de quien pueda que haga).
Alguien pasea por la calle y le llaman “cornudo” o “cornuda” y, por respeto al cargo que ocupa, quien es o lo que es, va raudo/a a solicitar el divorcio. Después descubre que realmente su estado es de soltería sin pareja que hiciera o por hacer. Pero eso es lo de menos.
Las formas son esenciales: te han insultado por vía mediática o judicial y lo primero es darles la razón en sus consecuencias.
Es el caso del fiscal general y otros tantos. Insultan y violan su intimidad personal y su prestigio profesional. Ahora sí, el tertuliano de turno se preguntará por qué llevaba la falda tan corta, la cara tan pintada y si realmente no estaba provocando a los Quienpu Queha. Al parecer el fiscal borró los WhatsApp de su teléfono y eso está muy feo. La confidencialidad estaba asegurada judicialmente. Pero vaya con la poca valla. Se difunden la dirección de los domicilios y teléfonos personales de Todo Quisque. Qué medida tan sospechosa hacer con tu teléfono lo que consideres conveniente para proteger aquello que por principio debes proteger, más allá de ti mismo.
Esa mañana del pasado martes 11 de febrero el argumento de los tertulianos de la Ser era: “si te llaman cornudo, ve raudo a divorciarte” y “si te llaman puta no dudes en una analítica de venéreas”. Luego ya si eso pues ya. Por lo pronto, se quieren asegurar que duele la pedrada y te autolesionas con la injuria que arrojaron. A unos nos preocupan los fachas y a otros la fachada “grafiteada”.
Los jóvenes que elogian el periodo franquista están a punto de disfrutarlo en todo su esplendor. Ya abundan los grupos fascistas, de extrema derecha o ultracatólicos radicales que usan a jueces y tribunales, a medios demediados de desinformación o a los cuerpos de seguridad para meter en cintura a tantos y tantas. La censura y persecución sobre lo que se dice (sea dios, la patria o el rey) se abre paso en el día a día.
Y como en el franquismo, se ponen a prueba las convicciones y el carácter de cada persona. Más allá de lo que es, la excusa del periodista que entrevistó (más bien le entrevió) a Milei lo ilustra a la perfección: “Me faltó firmeza para mandar a la mierda”. Ya estaba olvidado, pero vuelve la necesidad de sacar fuerzas de flaqueza para poder mandar a (elegir código postal) a tantos y tantas liberticidas. La pregunta la hice hace semanas. Hay que elegir entre servir servilmente al tirano o decirle que está desnudo de democracia. La extrema derecha europea, y entre ellos Abascal y Vox, que los tienen muy grandes (los bolsillos) han elegido ser cola de león a cabeza de ratón. Buen retrato el de fuertes con los débiles y serviles con los poderosos. Pero no es de ahora, viene de atrás. Realmente es el perfil psicológico de prebostes y gerifaltes durante la dictadura franquista.
Por cierto, una pregunta. Feijoo se quejaba que habían convocado elecciones generales justo cuando empezaba a dar clases de inglés. Ya van para dos años que el karma y la democracia le concedió un tiempo extra. Curiosidad cotilla ¿cómo lo lleva? ¿o en las reuniones internacionales tendrá que llevar toda la vida a González Pons pegado a la oreja para enterarse de que paran para comer? Tellado no le vale, creo que no sabe insultar en inglés, solo en arameo.
Antonio F. Alaminos
Catedrático de Sociología Matemática.