Aunque en sus encuentros con Niels Bohr, Einstein nunca consiguió dar un golpe definitivo, su reto resultó continuo y estimulante. Movilizó a hombres como Bohm, Bell y Everett, a demostrar y valorar la, por aquel entonces, todopoderosa interpretación de Copenhague de Bohr y, cuando eran muy pocos, los que distinguían entre teoría e interpretación. Y el estudio de la desigualdad de Bell contribuyó, de manera directa o indirecta, al desarrollo de nuevas áreas de la investigación, como la criptografía cuántica, la teoría de la información cuántica y, la computación cuántica. Uno de los más notables de todos estos campos, fue la teleportación cuántica, que se dedica a investigar el fenómeno del entrelazamiento. Aunque parezca pertenecer al reino de la ciencia ficción, en el año 1997, no uno, sino dos equipos de físicos, consiguieron teleportar una partícula. Y aunque sea cierto que la partícula, no se vio físicamente transportada, su estado cuántico sí se vio transferido a una segunda partícula, ubicada en otro lugar, teleportando así eficazmente la partícula inicial, de un lugar a otro.