Los griegos. Heráclito. XXVI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Como reconoce Edgar Morin, la concepción newtoniana, de un universo mecanicista, transido por un orden absoluto, ha sido sustituida, por la de un cosmos “auto-organizador”, secuela de la “dialógica” compleja, entre orden, desorden e interacción.
Por otro lado, El marco clásico supone una descripción objetiva, capaz de definir el objeto, por una serie de cualidades propias, independientes del observador y, del proceso de observación. Se trata de lo que Niels Bohr ha denominado “marco de la causalidad”, cuya principal característica, es ofrecer un ideal descriptivo, que posibilita la predicción causal, de todos los fenómenos naturales: “Ante todo, los principios de la mecánica newtoniana, significan un esclarecimiento trascendental, del problema causa y efecto, que permite, partiendo del estado de un sistema físico definido, en un instante dado, mediante magnitudes medibles, predecir su estado en cualquier instante posterior. Se sabe que este tipo de descripción determinista, o causal, condujo al concepto mecánico de la naturaleza y, vino a representar un ideal de explicación científica, en todos los dominios del conocimiento” (Niels Bohr “Unidad del conocimiento”).
Por otra parte, las nociones de ecosistema y de biosfera, dibujan una nueva imagen de la naturaleza, cercana al hilozoísmo de los milesios. El mundo material, ya no es concebido como una “máquina” de precisión, sino como un todo “orgánico”, cuyos componentes se definen por sus interrelaciones. Al mismo tiempo que el universo se torna desconocido, a medida que avanza la exploración espacial, asistimos a la vuelta de una naturaleza cercana, nutricia, que envuelve al hombre, a la vez que está en su interior, que, de la mano de la ciencia ecológica, se ha provincializado, en comparación con la antigua naturaleza cósmica y, que se autorregula de un modo, inmanente, como indica la “hipótesis Gaia” de James Loveloc (para los no iniciados, la “hipótesis Gaia” sostiene que la vida tiene la capacidad de moldear y perfeccionar, las condiciones de la Tierra. Lejos de llegar a ser lo que es, para poder ser habitada, la Tierra llegó a ser lo que es, justamente por estar habitada. En suma, la vida ha sido el medio y no el fin, para el desarrollo y la autorregulación de la Tierra). Por eso, en este cosmos, reencontramos una Patria, el planeta Tierra, hábitat de nuestra errancia y, reencontramos una Matria, la Biosfera, a la que estamos vinculados, por una simbiosis orgánica, de la que tomamos, cada vez más, conciencia.
En consecuencia, tenemos que aprender a vivir en el “claroroscuro”, con lo incierto; tenemos que asumir esa dimensión, inmanente al universo, a la materia, a la vida, a la razón: el “misterio”. Estamos destinados a la errancia, pero no al error, ni a la ilusión. Tenemos destellos de lucidez, momentos de libertad, a pesar de todas esas servidumbres, pero también gracias a ellas.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.