Capitán Richard F. Burton y los EE. UU. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El 7 de agosto de 1860, después de más de 3 meses de estancia en los EE. UU. Richard F. Burton reaparece inesperadamente en St. Joseph, un desvencijado poblado fronterizo a orillas del río Missouri, tras haber llegado, según nos dice, de St. Louis, St. Jo (como gusta llamarlo al propio Burton) era un punto de paso de los emigrantes que marchaban camino del Lejano Oeste. Allí tomó Burton una diligencia destinada a Salt Lake City.
Casi de inmediato empezó a tomar nota de sus impresiones en un cuaderno de viaje El “slang” norteamericano parece haberle apasionado, sobre todo en el caso de interjecciones muy habituales, como “God Damn” (literalmente, “Dios lo maldiga”), que, según refiere, habían perdido su significado. No tardó demasiado en adornar sus escritos y, su propio lenguaje oral, con elementos tomados de esta fascinante versión del inglés de Norteamérica.
Burton nunca emprendió un viaje sin realizar una cuidadosa preparación previa del mismo, sin estudiar los textos apropiados. Había reunido una pequeña biblioteca de viaje sobre los EE. UU. También había comprado literatura norteamericana reciente, como “Moby Dick” y “La letra escarlata”. A Burton le gustaron las opiniones religiosas de Melville. También se llevó las obras de otros exploradores del oeste - Frémont, Stansbury y Gunnuson – así como una colección de “las más virulentas polémicas entre los mormones y sus detractores”.
Más importantes tuvieron que ser el “Diccionario de americanismos” de Bartlett y “El viajero de la pradera” del capitán Randolph B. Marcy. Esta última obra, una guía para inmigrantes escrita por un oficial del ejército norteamericano, que había explorado algunos caminos del Oeste, que había luchado contra los indios desde Minnesota hasta Texas y Nuevo Méjico, nunca estuvo lejos de su bolsillo. Burton llegó a enamorarse de ella, hasta el extremo de preparar una edición europea, para los subsiguientes emigrantes al Lejano Oeste.
Burton, por ejemplo, siguió los consejos de Marcy (la marca comercial) en lo tocante a su atuendo, tanto que incluso parecía una de las ilustraciones que representaban a los hombres de la frontera, sacada de “The Prairie Traveller”. Vestía una recia cazadora inglesa, parecida a la de los hombres del oeste, así como una camisa de franela, pantalones reforzados con parches de piel de becerro y botas de montar, así como un gran sombrero de fieltro. Llevaba también un ancho cinturón de cuero en el que se colocó dos revólveres. Llevaba un machete de monte – un palillo de Arkansas, como el mismo lo llamaba – introducido en una de las botas. Para las ocasiones formales, cuando tuviese que presentarse ante los mormones, llevaba un sombrero de seda y un paraguas.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.