Los griegos. Heráclito. XXXIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La naturaleza no es únicamente “principio”, sino algo, si cabe, más fundamental, algo que permanece activo, tras el momento inicial, algo que constituye el fondo permanente, que hay en todas las cosas, a modo de “sustancia” o “sustrato”, de que todas están hechas. En ella se entrevera “el principio” y “lo principiado” de un modo esencial, por tanto, la naturaleza es también causa eficiente, o principio del movimiento: materia semoviente dotada de vida, que se autodetermina, utilizando términos aristotélicos, que no presocráticos.
Con una idea tal de “permanencia”, apunta Zubiri, el pensamiento presocrático, renunció manifiestamente, al camino trazado por la mitología tradicional, pergeñando un nuevo camino que, más tarde, dará lugar, a la filosofía y a la ciencia:
“Las cosas, en su generación natural, reciben de la naturaleza su sustancia. La naturaleza misma, es entonces, algo que permanece eternamente, fecundo e imperecedero… en el fondo y, por encima de la caducidad, de las cosas particulares, fuente inagotable de todas ellas. Por esto, los grandes pensadores griegos y, todavía aún el propio Aristóteles, llamaron a la naturaleza lo divino (Xavier Zubiri)”.
La naturaleza es también, para los presocráticos, algo “divino”, pues comprende todas las cosas, estando presente en todas. Se trata de una presencia vital, que unas veces está “dormida” y, otras “despierta”, que unas veces se muestra con claridad y, otras “ama esconderse”, como dijo Heráclito. No obstante, todas estas variaciones no son aleatorias, sino que tienen un carácter cíclico: suceden conforme a un orden y a una medida.
Los que arrancaron de este modo, el velo que ocultaba la naturaleza, revelando a los hombres la verdadera esencia, de lo-que-siempre-es, fueron llamados en justeza “filósofos” (“amantes de la sabiduría”); “los que filosofaron acerca de la verdad”. Por eso, al hablar de ella, el Estagirita emplea como sinónimos “indagar la verdad” e “indagar la naturaleza de las cosas”
El pensamiento arcaico, religó esencialmente al hombre con la naturaleza (y, al contrario) lo que anula todo intento de someterla y transformarla, según los intereses o las necesidades humanas y, permite que todos los elementos y, mecanismos de la misma, queden ante la “mirada pensante”, de los que primero filosofaron, tal y como son. Se trata de un tipo de “hacer”, que consiste en no hacer con la naturaleza, nada más que dejarla que se manifieste, entonces en cuando, propiamente, nos aparece el universo, como más allá de las explicaciones mitológicas. La sabiduría de los presocráticos, trata de decirnos algo sobre la naturaleza, nada más que por la naturaleza misma. Para el sabio arcaico, comprender lo natural, no tiene una finalidad distinta, que la propia comprensión, puesto que se trata, de una actitud puramente teorética, no pragmática ni tampoco religiosa. No se puede confundir esta especulación, con lo que más adelante se llamó “ciencia” o “teología”, puesto que las motivaciones de fondo, son claramente distintas.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.