Los griegos. Heráclito. XXIX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“El más bello orden-del-mundo,
desperdicios sembrados al azar”
(Heráclito)
2.1 Inmediatez de la pregunta por la naturaleza, en los presocráticos.
La inquietud por desvelar, los secretos de la naturaleza, es tan remota como la propia filosofía. Como es sabido, los primeros presocráticos elaboraron escritos, comprendidos bajo la denominación de “metafísica”. Esta denominación clásica, no es, ni mucho menos azarosa, sino que apunta con tino e intención, al objeto de estudio de estos pensadores. Kirk y Guthrie han señalado, que este era un título que se adjudicaba, en el Museo alejandrino, a falta de testimonio concreto, a los textos de los autores, a los que Aristóteles denominó “físicos”. Como apunta Juan Arana, incluso tuvo que darse el caso, que la parte más ambiciosa de la filosofía, fuese denominada, precisamente, “metafísica”, llevando impresa en su nombre mismo, una relación de posteridad o alteridad, con respecto al conocimiento de lo físico. No obstante, tenemos un pasaje de Platón, en el que Sócrates rememora su interés de juventud por “ese tipo de saber que llaman investigación sobre la naturaleza”, que confirma que se trata de un título muy apropiado, para describir la tarea de los presocráticos.
La comunicación de “lo natural” con “lo sobre-natural”, se evidencia de inmediato, si se tiene en cuenta, que cuestiones tan fundamentales como “¿de donde venimos?” o “¿quiénes somos?”, son inseparables de otra, no menos radical como “¿dónde estamos?” Conocer lo humano, por tanto, no es separarlo de la naturaleza, sino, justamente, situarlo en ella, de donde procede.
La naturaleza es un tema cimero, para la filosofía griega, desde sus inicios. En el caso de los presocráticos, se trata de su objeto primero de estudio y, del horizonte que posibilita toda otra pregunta, sea sobre lo cósmico, lo humano o lo divino. Lo natural acapara los temores e inquietudes, que provoca en el hombre arcaico, cuanto le rodea, aquello que le envuelve, al tiempo que le sobrepasa, aquello que no comprende por completo, a pesar de ser lo más cercano e inmediato. La naturaleza es “pregunta” y es “respuesta”, para las cosmovisiones arcaicas, por eso nunca es un elemento neutro, sino que aparece, como presupuesto y expresión, del resto de los planos. Se trata del principio elemental de racionalidad, de la circunstancia radical para la vida y, en suma, del suelo sobre el que se asienta lo humano mismo.
Sabido es que el término encierra, varios sentidos básicos, en la filosofía griega, que permanecen, a través de los distintos pensadores y escuelas.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.