Los griegos. Heráclito. XXX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Como escribíamos ayer, es bien sabido que el término “Naturaleza” encierra, varios sentidos básicos en la filosofía griega, que permanecen, a través de los distintos pensadores y escuelas:
1. En sentido “extensional”, la naturaleza es todo lo que hay, esto es, el conjunto de todos los entes, que componen el universo.
2. En sentido “intensional”, la naturaleza es la esencia o, conjunto de cualidades propias, que hacen que un ente, sea justamente lo que es.
3. En el caso de los presocráticos, la naturaleza es el fondo sustantivo, del que nacen todas las cosas, al que retornan al morir, al tiempo que la potencia, que permite su nacimiento y desarrollo.
Incidiendo en los primeros filósofos, podemos destacar dos perspectivas parejas: por un lado, la naturaleza es entendida como “lo primario”, “lo fundamental”, lo que, perseverando, hace que las cosas se renueven. La naturaleza es al tiempo, la causa de la fluencia y estabilidad de lo real, lo que permite que las cosas crezcan y se desarrollen, el horizonte mismo donde se entrelazan, el ser y el devenir. Esto nos conduce a un término central, el de “principio” del que procede, todo cuanto es y, al que retorna todo cuanto deja de ser, por tanto, la naturaleza es, la “realidad más radical”, aquello que permanece, como sustento y componente básico, de todo lo visible e invisible. Por otro lado, la naturaleza es entendida, como ”principio del movimiento”, responsable de la presencia de los entes, de su aparición y desaparición. En este sentido, la naturaleza es la fuente del “nacer” de cada cosa, siempre que dicho proceso surja, del propio ser que nace. Se trata de la única realidad, capaz de conjugar el verbo “nacer”, de un modo intransitivo e impersonal. O, dicho en términos aristotélicos, todos los entes que son por naturaleza, tienen en su interior, el principio de su propio movimiento, desarrollo y expresión.
Ambas perspectivas conciben la naturaleza, como una instancia que no depende, de ninguna determinación externa, sino de las presencias y relaciones, que se establecen en su seno, siendo, a la vez, causa de sí y de las cosas. Los presocráticos, en suma, sondearon la naturaleza, por medio de una “intuición poética” fundamental, por eso aparece, como un concepto policopio, sin límites cerrados, que comprende, bajo un mismo destino, lo humano y lo divino, lo celeste y lo terrestre. La naturaleza no es sino, la potencia que desvela o activa – por medio de su aparecer – lo que estaba “oculto” o en potencia, aunando la fuente, con la del permanecer, al tiempo que se retroalimenta del perecer.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.