Mecánica cuántica. El mago cuántico. II
La fortuna sonrió a Werner Heisenberg, cuando Arnold Sommerfeld, le invitó a asistir a uno de sus semanarios de investigación, dirigido a los alumnos más avanzados. Y lo fue aún más, porque, durante los años venideros, el instituto de Sommerfeld acabaría configurando, junto al Instituto de Bohr en Copenhague y, al grupo de Gotinga (que giraba en torno a Max Born, el triángulo dorado de la investigación cuántica). Cuando Heisenberg asistió a su primer seminario “divisó”, en la tercera fila, a un estudiante de pelo oscuro, con una expresión hermética en el rostro. Se trataba de Wolfgang Pauli, el corpulento vienés que, durante, el paseo que, el día de su primera visita, dieron por el instituto, Sommerfeld le había presentado y que, cuando se alejaban, se habían apresurado a confiarle, que se trataba, en su opinión, del más brillante de todos sus alumnos.
- Publicado en Tribuna Libre