Karl Popper. Introducción
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Y esos profetas menores, escribe Popper, que anuncian, el probable acaecimiento de ciertos hechos como, por ejemplo, la caída final en el totalitarismo, pueden estar cooperando, sin saberlo y, ya sea que les guste o no, para que dichos hechos tengan efectivamente lugar. Su dictamen de que la democracia no ha de durar eternamente, es tan cierto, o tan poco significativo – según el caso – como la afirmación de que la razón humana, no ha de durar eternamente, dado de que sólo la democracia, proporciona un marco institucional, capaz de permitir las reformas sin violencia y, por consiguiente, el uso de la razón en los asuntos políticos. Pero, naturalmente, su pesimismo tiende a desalentar, a aquellos que luchan contra el totalitarismo, favoreciendo, en cambio, la rebelión contra la vida civilizada. Puede hallarse otro motivo ulterior, para esta posición destructiva, en el hecho de que la metafísica historicista, permite aligerar a los hombres, del peso de sus responsabilidades. Si se sabe de antemano, que las cosas habrán de pasar indefectiblemente, haga lo que uno haga ¿de que vale luchar contra ellas?
Popper no pretende insinuar que el historicismo, tenga siempre semejantes efectos. Hay historicistas – especialmente entre los marxistas – que no tienen el menor propósito, de liberar a los hombres del peso de sus responsabilidades. Por otro lado, hay algunas filosofías sociales, que pueden o no ser consideradas historicistas, pero que predican la impotencia de la razón en la vida social y, que, por su antirracionalismo, propugnan la siguiente actitud: “Hay que seguir al Líder Supremo, al Gran Hombre de Estado, o bien, hay que convertirse en Líder”.
En otras palabras: no son sino historicistas desilusionados, es decir, hombres que, a pesar de comprender, la pobreza del historicismo, no advierten que retienen consigo el prejuicio historicista fundamental, a saber, la doctrina de que las ciencias sociales, para tener algún valor, han de ser proféticas. Claro está que esta actitud, debe conducir a un rechazo, de la aplicabilidad de la ciencia y la razón, a los problemas de la vida social y, en última instancia, a la doctrina del poder, de la dominación y del sometimiento.
¿Por qué estas filosofías sociales, se vuelven contra la civilización? ¿Y cual es el secreto de su popularidad? ¿Por qué atraen y seducen a tantos intelectuales? Popper se inclina a creer que la razón, reside en su deseo de dar expansión, a una insatisfacción profundamente arraigada, frente a un mundo que no se acerca, ni siquiera lejanamente, a nuestros ideales morales, ni a nuestros sueños de perfección. La tendencia del historicismo (y de las posiciones afines) a defender la rebelión contra la civilización, puede obedecer al hecho, de que el historicismo es en sí mismo, con mucho, una reacción contra el peso de nuestra civilización y, su exigencia de responsabilidad personal.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.