Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Richard F. Burton y su séquito zarparon de Zanzíbar, al atardecer del domingo 4 de enero de 1857, remolcando al Louisa. Aunque fuese un viaje de menor importancia, no iba a resultar, ni mucho menos, fácil. Para Burton y Speke tuvo por significado el prepararlos para las arduas situaciones que habían de encontrarse ya en el continente. Burton manifestó su entusiasmo de costumbre, al dar cuenta del viaje en paralelo a la costa, describiendo a sus habitantes, sus lenguas, el calor, la fauna y la flora, el coste de la vida, las distintas tribus, los paisajes e incluso los aromas, a medida que avanzaban hacia Mombasa, que en tiempos había sido una importante colonia portuguesa, en la que el propio Camoens había pasado algunos infortunados meses.
Hicieron una breve escala en Pemba, una agrupación de islas pertenecientes al sultán de Zanzíbar. Burton y Speke se dirigieron a la costa a bordo de la Louisa, para atracar en Chak-Chak, el principal puerto y fuerte de los alrededores.
Al margen del paisaje, que describe por extenso y en términos poéticos, Pemba tuvo muy escaso interés para Burton. En cambio “el trayecto hasta Mombasa no pudo ser más característico de África”, escribió Burton. Los hombres se comunicaban a gritos las noticias, de una embarcación a otra, mientras “éramos inmisericordemente vilipendiados por ser blancos, sobre todo por parte de las negras ninfas que se bañaban en el agua ataviadas como las nereidas de Camoens… Asoleándose sobre las blancas arenas, gritaban con descaro ¡Muzungu! es decir, europeos”. Una de las primeras cosas que hizo Burton al llegar a Mombasa, fue buscar la tumba de un camarada inglés, el teniente John James Reitz, que había sido allí enterrado en 1822. El lugar “lo han convertido los “banyans” en un redil para el ganado”, anota con cierta tristeza.
Burton se había puesto “un atuendo de árabe: un turbante de portentosa circunferencia y una larga camisa teñida de henna”. Menciona, no sin alguna aspereza, que Speke había decidido endurecerse caminado sin calzado de ninguna clase. Pero por mucho que Speke hubiera decidido ir descalzo, le disgustaba la práctica de que un inglés vistiera a la usanza de los nativos. Más adelante, cuando fue en busca de lo que había bautizado como lago Victoria, los mercaderes árabes de la zona le aconsejaron que vistiese a la usanza árabe.
Tras una breve supervisión del poblado, Burton partió en busca de Rebmann, que se hallaba en su residencia, 80 millas al interior. Burton consideró que el misionero y su esposa eran una de las parejas más extraordinarias que había visto jamás; estaban rodeados de nativos de una extrañeza tal que a él le impresionó.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.