Talleyrand. Inglaterra sospecha. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Acostumbrado a ser bien recibido en todas partes, la recepción que le esperaba en Inglaterra resultó mucho más fría de lo que había imaginado. Claro que le había precedido un numeroso grupo de emigrados realistas que lo habían criticado con dureza en todas partes, pero Charles- Maurice, el aristocrático revolucionario moderado, confiaba en hallar un poco más de calor y comprensión. Hay que tener en cuenta que aquel momento Francia no tenía embajador en Londres. Llegó en junio de 1792 acompañado por su buen amigo y militar Biron. El cual tenía la misión (del ministro Narbonne) de comprar 4.000 caballos para el ejército francés. Talleyrand no tenía misión alguna reconocida, salvo la que él mismo se había impuesto. Escribe en sus memorias: “Quería dejar Francia una temporada. Estaba fatigado (explicable) y aunque sabía que mi misión (¿cuál?) tenía pocas posibilidades de éxito, la acepté”.
La Revolución que tanto había contribuido a poner en marcha había enloquecido y no parecía dispuesta a recuperar la razón a corto plazo. Había discutido con Robespierre y Dantón sobre las posibles ventajas de declarar una república. Al menos el primero no se mostró en absoluto partidario de avanzar hacia una monarquía constitucional. Solo la república le permitiría hacer tabla rasa de los pecados del pasado, e instaurar “el reinado de la virtud” sin reparar en medios. Talleyrand se proponía hablar con los ingleses, indiscutibles dueños del mar y, convencerlos de que permanecieran neutrales ante una eventual guerra en el continente. También quería asegurarles que Francia, monárquica o republicana, seguiría respetando sus posesiones en la India y el Caribe si Inglaterra actuaba del mismo modo. Le constaba, además, que había numerosas personalidades liberales en Inglaterra que simpatizaban con la Revolución. Por desgracia, el primer ministro, Pitt el Joven y su círculo no se hallaban entre ellas, pero nuestro honre contaba con su reconocida anglofía y su poder personal de seducción, que pocas veces le había falado.
Se instaló en Golden Square, en el corazón del Soho, con su fiel Courtiade por todo acompañamiento. Careciendo de todo estatus oficial y, sin embajada francesa a la que acogerse, lo tenía muy difícil y, como se esperaba, Pitt se negó a recibirlo. No se mostraron mejor dispuestos los demás miembros del Gobierno, salvo el cauteloso lord Greville, ministro de Exteriores, con el cual consiguió conferenciar unas cuantas veces. En todas sus entrevistas insistió en que siempre había sostenido que Inglaterra era la aliada natural de Francia. Mas éxito obtuvo con las principales figuras de la oposición wigh de la época, empezando con su líder, Charles James Fox, su exministro de Exteriores lord Lansdowne, el dramaturgo Sheridan y el filósofo Jeremy Bentham, campeón de la doctrina “utilitarista”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.