Bohr. Biología y mecánica cuántica
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Entre las doctrinas de Tlön, comenta Borges, la que ha merecido mayor escándalo, es el materialismo. Con objeto de exponerlo de la manera más clara posible y, eliminar así toda reticencia contra él un heresiarca ideó- por supuesto sin éxito – el sofisma de las nueve monedas de cobre, que en su versión más común dice:
“El martes, X atraviesa un camino desierto y pierde nueve monedas de cobre. El jueves, Y encuentra en el camino cuatro monedas, algo herrumbradas por la lluvia del miércoles. El viernes Z, descubre tres monedas en el camino. El viernes de mañana, X encuentra dos monedas en el corredor de su casa”.
Parece ser comentaban los jerarcas de Tlön, que de semejante historia el pérfido heresiarca, quería deducir, ni más ni menos, que la realidad –“id est” la continuidad – de las nueve monedas recuperadas. Este por su parte argumentaba que era “absurdo imaginar que cuatro monedas no habían existido entre el martes y el jueves, tres entre el martes y la tarde del viernes, dos entre el martes y la madrugada del viernes. Es lógico pensar, añadía, que han existido siempre – siquiera de algún modo secreto, de comprensión velada a los hombres, de comprensión velada a los hombres – en todos los momentos de esos tres plazos”.
No obstante, la clara formulación de la paradoja y, los esfuerzos del “heresiarca”, los habitantes de Tlön se limitaron a negarla o ignorarla. En su opinión, todo era fruto de una falacia verbal, basada en el uso inadecuado de unos conceptos que habían sido construidos, fuera del dominio en el que ahora se explicaban. En estas circunstancias, decían, nada tiene de extraño, que nos llevasen a conclusiones erróneas. Por ejemplo, los verbos “encontrar” y “perder”, deberían utilizarse teniendo muy presente su limitad rango de valides, porque – de lo contrario - su mismo uso presupondría la permanencia de las monedas, es decir, la identidad entre las perdidas y las encontradas, asunto que, por lo demás es el que se discute. El problema es pues y, en definitiva, un problema derivado de la necesidad de decir a los demás, lo que hemos hecho y, lo que hemos aprendido: es un problema metodológico y de lenguaje, no de realidad.
Pues eso.
Continuará.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.