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Mecánica cuántica. El mago cuántico. II


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La fortuna sonrió a Werner Heisenberg, cuando Arnold Sommerfeld, le invitó a asistir a uno de sus semanarios de investigación, dirigido a los alumnos más avanzados. Y lo fue aún más, porque, durante los años venideros, el instituto de Sommerfeld acabaría configurando, junto al Instituto de Bohr en Copenhague y, al grupo de Gotinga (que giraba en torno a Max Born, el triángulo dorado de la investigación cuántica). Cuando Heisenberg asistió a su primer seminario “divisó”, en la tercera fila, a un estudiante de pelo oscuro, con una expresión hermética en el rostro. Se trataba de Wolfgang Pauli, el corpulento vienés que, durante, el paseo que, el día de su primera visita, dieron por el instituto, Sommerfeld le había presentado y que, cuando se alejaban, se habían apresurado a confiarle, que se trataba, en su opinión, del más brillante de todos sus alumnos.

“¿No te parece el típico oficial de húsares?” le susurró Pauli, apena Sommerfeld entró en la sala. Ese fue el comienzo de una larga relación profesional, que nunca acabó de cuajar en una estrecha amistad personal. Quizá eran sencillamente, dos personas muy diferentes. Heisenberg era más callado, más amistoso y, menos directo que Pauli. Tenía una visión romántica de la naturaleza y, disfrutaba paseando por el campo con sus amigos, mientras que, a Pauli, por el contrario, le gustaban los cabarets, las tabernas y los cafés.

Fue Pauli quien, cuando Heisenberg estaba escribiendo, su deslumbrante revisión de la relatividad, le recomendó que, si quería hacerse un nombre, debía alejarse de la teoría de Einstein y, orientar sus pasos hacia la teoría cuántica. “Todavía quedan, en el campo de la física atómica, muchos resultados experimentales sin interpretar, evidencias de la naturaleza en un lugar, que parecen contradecir las de otro. No hay, por el momento, forma alguna de esbozar, una imagen medio coherente de las relaciones implicadas”.

Pauli creía que “todavía nos queda un tiempo para andar a tientas, en medio de una densa bruma”. Y es muy probable que fueran este tipo de comentarios, los que acabaron encaminando los pasos de Heisenberg, hacia el reino de los cuantos.

Sommerfeld no tardó en asignar a Heisenberg “un pequeño problema”, dentro de la física atómica. Le pidió que analizara nuevos datos, relativos al desdoblamiento de las líneas espectrales, en el seno del campo magnético y, que elaborase una fórmula, que reprodujera esa división. El espín del electrón y el principio de exclusión, todavía se hallaban, por aquel entonces, lejos de ser descubiertos.

La ignorancia de Heisenberg, sobre la normas y reglas aceptadas de la física cuántica, le permitieron adentrarse en territorios que otros, atados a una visión más cautelosa y racional, no siquiera osaban pisar. Así fue como acabó esbozando una teoría, que parecía explicar el efecto Zeeman anómalo. Después de rechazar una primera versión, Heisenberg se vio finalmente liberado, cuando Sommerfeld admitió la publicación de su último esfuerzo. Y, aunque posteriormente, demostró estar equivocado, ese fue el primero de los artículos científicos, en llamar la atención, de los grandes físicos europeos hacia Heisenberg. Niels Bohr fue uno de ellos.

El primer encuentro entre Bohr y Heisenberg, se produjo en Gotinga, en junio de 1922, cuando Sommerfeld llevó a algunos de sus alumnos, a escuchar la serie de conferencias sobre física atómica, pronunciadas por Bohr. Lo que sorprendió a Heisenberg, fue la precisión con la que Bohr, elegía sus palabras. “La cuidadosa elaboración de todas sus frases, revelaba una larga cadena de pensamientos y reflexiones filosóficas subyacentes, que siempre insinuaba, sin llegar nunca a expresar claramente”. Pero él no era el único en sospechar, que las conclusiones de Bohr, se debían más a la intuición y a la inspiración, que al cálculo minucioso. Al finalizar la tercera conferencia, Heisenberg subrayó los problemas de un artículo, cuya importancia Bohr había señalado. Cuando finalizó la tanda de preguntas y respuestas, Bohr buscó a Heisenberg de 20 años y, le invitó a dar un paseo esa misma tarde.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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