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El átomo y los atomistas. XII


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Desgraciadamente, Epicuro no precisó que tipo de modificaciones, creía él que se producían, por ejemplo, en los átomos del agua, cuando esta se transforma en hielo o en vapor de agua.

Por otro lado, Epicuro ofrece una concepción dinámica y evolutiva, del estado del universo y, de sus componentes. Los cuerpos sufren continuamente, pérdidas de átomos (particularmente por medio de emanaciones), pero también ganan átomos (por un flujo de entrada de átomos externos): “El universo se renueva a sí mismo cada día” (Lucrecio). Como dice elegantemente M. Cariou: “¿Qué es un comienzo? Un encuentro. ¿Qué es un final? Una separación. Entre ambos, la duración, siempre relativa, de un mundo”. Solo la materia en su conjunto, es eterna.

Añadamos, finalmente, una observación importante. La primacía que damos aquí, a la teoría atómica de Epicuro, puede producir la impresión, de que representa, la esencia de su filosofía. En realidad, si bien está efectivamente, en la base de su visión del mundo, está subordinada a su preocupación principal, que era de tipo moral. Epicuro es “físico por moralismo”. Su objetivo fundamental, es hacer felices a los hombres y, en esta tentativa, se encuentran entrelazados los dioses y los átomos. “Pues los dioses existen… pero no de la forma como se los representa la gente”. Esta frase, que se encuentra en la carta de Epicuro a Meneceo, ofrece una de las claves de su forma de abordar, el problema de la moral y la felicidad humana.

La actitud de los hombres, en general, es, o bien la de admirar “el orden de la naturaleza… que la sabiduría humana ha construido para la especie humana”, o bien, más a menudo, experimentar un temor profundo, ante los fenómenos del universo, del cielo y de la tierra, que no comprenden y, en los que ven la manifestación, de las potencias invisibles y, sobre todo, el temor de la muerte y, de la suerte que les espera, más allá de esta. “La ignorancia de las causas, deja a la mente, perpleja y vacilante”. Ahora bien, la convicción profunda de Epicuro es que, si los dioses existen, seguramente no tienen nada que ver, con los asuntos humanos. Lucrecio tradujo esta actitud distante de los dioses y, lo absurdo que es creer, en la interferencia simpatizante de los mismos, en la marcha de este mundo defectuoso, en unas páginas inolvidables.

¡Que maravillosa es también, la serenidad que transmiten, los comentarios de Hipólito de Roma, en su “Philosophumena” (que se refiere solo a un solo dios, pero que es igualmente aplicable a una multitud de ellos)! “Epicuro afirma que Dios es eterno e inmortal y, que no prevé nada; en una palabra, que no existe la Providencia ni el destino y, que todas las cosas suceden porque sí. Sitúa a este Dios, en los espacios, que denomina intermundos.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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