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Talleyrand. Inglaterra sospecha. II


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Finalmente, Pitt el Joven, Primer ministro pareció ablandarse y le concedió una breve entrevista Talleyrand, en la que le dijo (y no le faltaba razón) que no cabía trato serio alguno con Francia hasta que esta no dispusiera de un Gobierno estable. Pitt despidió al francés con una sonrisa irónica y le aseguró que esperaba que en su próxima entrevista le revelara más de sus intenciones (y de las de Francia) que ese día. Charles-Maurice se despidió advirtiéndole de que hablaría con Fox, archienemigo del ministro tory.

Tampoco Francia parecía interesarse lo más mínimo por sus bienintencionadas gestiones. El sueño de los líderes jacobinos no tenía nada que ver con los buenos (e ingenuos) propósitos de Talleyrand. Querían que Inglaterra no se inmiscuyera en la guerra revolucionaria que se proponían extender a los Países Bajos para sacar ventaja frente a Austria, que era la que los estaba gobernando.

Talleyrand, que no había logrado seducir a los salones ingleses como esperaba, porque, aunque conocía el inglés, no lo hablaba lo suficientemente bien como para dejar caer el mot juste en el momento adecuado, no impresionó a nadie. Con mal sabor de boca y las orejas gachas, regresó a Francia el 10 de marzo de 1792 tras pasar dos meses en la isla que tanto había admirado.

Pero Charles-Maurice no se dio por vencido y, seis meses después de su llegada volvió a partir hacia Londres, esta vez acompañado por un joven diplomático con el rango de embajador, el marqués François-Bernard de Chauvelin, para conferir un carácter más formal a las negociaciones.

Todo los que sus denodados esfuerzos consiguieron, fue que en mayo Pitt y su pupilo Chauvelin, el nuevo embajador firmaran una declaración de neutralidad. Menos era nada. Talleyrand tocó todas las teclas paraque el logro fuera sabido y publicado en la prensa parisina y, que su nombre apareciera en mayúsculas en la noticia.

Y, sin embargo, aquella declaración no pareció suficiente y, el último Gobierno provisional de Francia le exigió su pronto regreso. Lo hizo en el mes de julio y las cosas habían empeorado mucho. En los días 20 y 21 de 1791 se había vivido el infortunado episodio de la fuga a Varennes de la familia real, que incrementó la hostilidad popular tanto hacia la monarquía como institución, como contra Luis XVI y María Antonieta como personas.

Pues eso.

(Continuar)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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