Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. X
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Sidi Mubarak era de baja estatura, negro, feo, pero sin duda un hombre excepcional al que Richard F. Burton apreció en su medida:
“Trabaja por principio como una mula y, declara con toda candidez, que no siente ningún amor por nosotros, sino que es el deber con su estómago el que le lleva a trabajar arduamente…. Insiste en llevar dos pistolones y, después de 30 millas de marcha, está tan fresco como nates de empezar. Nos atiende en todas partes sin cesar… Habla un indostaní muy peculiar y, dice que siente por todos los “negros de la jungla” un desprecio inefable, que en ningún momento se propone disimular”.
Burton tenía en tan alta estima a Sidi Bombay Mubarak, que le apartó del escuadrón de beluchistanies, saldó sus deudas y, le convenció de que “siguiera nuestra fortuna”. Como tenía un cierto conocimiento del indostaní, fue asignado al servicio de Speke.
Parra entonces habían empezado a remitir los sentimientos contrarios a los negros, que albergaba Burton en un principio, e incluso aceptó a Sidi Bombay Mubarak, teniéndole por un hombre digno de respeto. Speke también le aceptó, sólo que cuando tuvo ocasión de poner en conocimiento de Bombay, que rango ocupaba en la jerarquía de los seres humanos, no vaciló en explicarle porque experimentaban los negros “el cruel destino de ser esclavos de todos los demás”.
“Le referí la historia de Noe y la dispersión de sus hijos por todo el planeta. Le puse de manifiesto que era de raza negra o hamítica y que, por el orden de la naturaleza, siendo los más débiles, por fuerza debían sucumbir ante sus superiores, las ramas jafética y semítica de la familia…”
Tras una caminata por el Pangi-ni y el regreso a la costa, Burton y Speke, que aún tenían que aguardar una semana hasta que pasara a recogerlos su embarcación, decidieron em prender una cacería de hipopótamos. Partieron en una canoa de unos 12 metros de eslora, con los beluschistaníes y Sidi Bombay y, “al amanecer, cuando más hambrientos están y más fáciles de engañar son los animales salvajes”. Llegaron a una charca donde encontraron su presa. La matanza prosiguió un buen rato. Puede que Burton se muestre irónico sobre la misma. Normalmente ya no se dedicaba a cazar y, no parece haberse mostrado deseoso de participar en la cacería de hipopótamos. “A las diez de la mañana habíamos matado a seis y habríamos herido no sé yo cuantos animales. La masacre resultó “monótona… poco más que una caza de faisanes”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.