En el tiempo que Richard F. Burton pasó en el Sind, a los periodos de gran actividad, le sucedían largas semanas, en las que nada importante pasaba. ¿Qué iba a hacer un oficial, si no se dedicaba a acicatear a los ismaelíes, para que asumieran el riesgo, e intentasen invadir Kerman, salvo sentarse ante su mesa de trabajo, cubierta por una tela humedecida y, escribir, escribir y seguir escribiendo, tomando sin cesar notas, que muy pocos habrían podido tomar, en tan breve tiempo y, en tan desolado paisaje? Escribió y escribió casi sin descanso, como si fuera un demente, que intentase burlar el desmoronamiento, mediante una constante e implacable atención, por las minucias y los detalles de cada día. Confeccionó listas de las tribus y los clanes, de palabras, de fragmentos de lenguas poco conocidas. Llevó al día tablas, referentes al nivel del agua, tomó nota de los cambios operados, en el cauce del Indo, del sistema de impuestos, de los tipos de educación que se impartían. Tomó notas sobre demonología, sobre magia y alquimia, sobre el Libro del Destino, sobre las narraciones épicas (en cuatro lenguas: el belochi, el jataki, el persa y el sindhi).