Thor Heyerdahl y “Rapa Nui”. VIII
Ahora le tocaba el turno al doctor Carlyle Smith (al que todos llamaban “Carl”), profesor de arqueología en la Universidad de Kansas. A día siguiente de su conversación con el misionero alemán, Heyerdahl, acompañado por Carl y, cinco indígenas de la brigada de trabajos auxiliares, partió en el “jeep” de la expedición, dando tumbos por un sendero desbrozado, a través de la llanura pedregosa, que conducía a los pies del Poike. Allí reconocieron la depresión del terreno, ya descrito con anterioridad en los pasados textos. Comprobaron que no era continua. Se mostraba sólo a trechos, unas veces de forma clara y profunda, otras insinuándose débilmente y, así en ambos sentidos, hacia el norte y hacia el sur, hasta eclipsarse en los precipicios que flanqueaban la península por ambos costados. Se fijaron, de paso, en unos discretos montículos que parecían baluartes de tierra apelmazada, irregularmente distribuidos junto a la orilla superior, de la presumible zanja
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