Receloso ante las “grandes ideas”
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Que yo recuerde nunca he sido dogmático, y siempre me he encontrado más a gusto, bajo el pensamiento crítico, como acunado por la verdad dialógica de Habermas. Ninguno de los bandos de la división política convencional (izquierda frente a derecha) posee, a mi modesto entender, todas las virtudes, cuando se trata de abordar los problemas intelectuales y sociales. Por parte de la izquierda, por ejemplo, siempre recuerdo el fracaso cuando trató de conjugar, las teorías de Marx y Freud. No me parece que hubiera podido ser de otra forma, pues el intento jugaba con dos tesis, tan inflexibles como erróneas, acerca de la naturaleza humana. La tradición que hemos convenido en llamar “posmoderna”, resulta más útil en cuanto a diagnóstico y descripción, que como pronóstico relativo, al camino que hay que seguir, excepto, puede, en un sentido: nos indica que hemos de mostrarnos recelosos, ante las “grandes ideas”, que pretenden funcionar con todas las personas, en todo tiempo y en cualquier lugar.
Cuando uno vuelve la mirada, al desarrollo del pasado siglo, y a pesar de los logros del libre mercado, uno no puede dejar de preguntarse, si los teóricos de la derecha, pueden tener más razones para sentirse satisfechos. Con demasiada frecuencia, no han hecho otra cosa que ofrecer directrices para no hacer nada, para permitir que las cosas sigan su curso “natural”, como si el no hacer nada, fuese más natural que hacer algo. Las teorías de Milton Friedman, por ejemplo, pueden parecer muy plausibles a primera vista, pero sólo hasta que uno piensa en la obras de George Orwell. Si aquellos (los teóricos de la derecha) hubiesen escrito durante la década de los treinta del siglo pasado, habrían defendido de igual manera, la idea de dejar las cosas tal como estaban. Sin embargo, no cabe duda estimo, de que Orwell ayudó y mucho, a fomentar un cambio de sensibilidad. Junto con la experiencia bélica, dio pie a que se mirase con otros ojos, a la población pobre. Por insatisfactorio que pueda resultar en el presente el estado de bienestar, no cabe duda de que en la época, ayudó a mejorar las condiciones de vida, de millones de personas en todo el mundo. Lo cual no parece que hubiera ocurrido, si se hubiera dejado en manos de los economistas, que defendían la no intervención del Estado.
Seguramente Karl Popper tenía razón, cuando afirmó que la política se asemejaba a la ciencia, en que siempre puede modificarse. Visto así, el estado de bienestar, podría ser la respuesta adecuada, a un conjunto determinado de circunstancias. Pero, una vez que ha ayudado a crear una población más sana y rica, en la que se ha incrementado en sobremanera, el número de personas que alcanzan la senectud, eso sí, con todo lo que implica ello, en relación a las enfermedades, y el perfil económico de todo un pueblo, cabría preguntarse sino sería ya necesario, hablar de un conjunto de circunstancias diferentes. A estas alturas ya deberíamos saber, que en un mundo superpoblado, en el mundo de la sociedad de masas, cada avance coincide con un problema nuevo.
A este respecto, no deberíamos olvidar en ningún momento, las dos lecciones que nos enseña la ciencia. Ésta, al tiempo que nos revela, algunos de los fundamentos de la naturaleza, nos ha demostrado que el acercamiento gradual y, sobre todo, pragmático a la vida, constituye con mucho, el modo de adaptación más eficaz. Deberíamos desconfiar de las grandes teorías.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.