Memoria, olvido, tacto
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La memoria tiene que ser formada; pues memoria no es memoria en general y para todo. Se tiene memoria para unas cosas, para otras no, y se quiere guardar en la memoria unas cosas, mientras se prefiere olvidar otras. Sería ya tiempo de liberar al fenómeno de la memoria, de su nivelación dentro de la psicología de las capacidades, reconociéndola como un rasgo esencial, del ser histórico y limitado del hombre.
Sólo por el olvido, obtiene el espíritu la posibilidad de su total renovación (algo así como el perdón en Hanna Arendt, y su posibilidad de comenzar de nuevo) la capacidad de verlo todo con ojos nuevos, de manera que lo que es de antiguo familiar, se funda con lo recién percibido, en una unidad de muchos estratos. “Retener” es ambiguo. Como memoria, contiene la relación con el recuerdo. Y esto mismo vale, para el concepto de “tacto” que empleaba Hermann von Helmholtz (médico y físico alemán).
Bajo “tacto”, entendemos una determinada sensibilidad y capacidad de percepción de situaciones, así como para el comportamiento dentro de ellas, cuando no poseemos respecto a ellas, ningún saber derivado de principios generales. En este sentido el tacto, es esencialmente inexpresado e inexpresable. Puede decirse algo con tacto, pero esto significará siempre, que se rodea algo con mucho tacto, que se deja algo sin decir. Y “falta de tacto”, es expresar lo que puede evitarse. Pero “evitar” no es sin embargo, apartar la mirada de algo, sino atender a ello, en forma tal que no se choque con ello, sino que se pueda pasar al lado. Por eso el tacto ayuda a mantener la distancia, evita lo chocante, el acercamiento excesivo, y la violación de la esfera íntima de la persona.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.