Baruch Spinoza. Primeras críticas al TTP. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Las polémicas de Spinoza, aparte de las cuatro ya aludidas con anterioridad – con Burgh, Stensen y Velthuysen – las demás se concentran en diez con Oldenburg y otras diez con Tschirnhaus. Ahora bien, si las cuatro anteriores se pueden calificar de polémicas, las de estos últimos dos grupos – Oldenburg y Tschirnhaus – son una especie de acoso intelectual, del que a duras penas consigue Spinoza liberarse.
El primer grupo está formado por las 10 cartas con Oldenburg, sobre la retirada de la Ética. Se inician con las dudas del antiguo amigo, por no atreverse a transmitirle de una vez, las duras críticas que circulaban, en su entorno cristiano y neoplatónico contra el TTP (“Tratado teológico-político”). Pero, al final, se ve forzado por el mismo Spinoza a formularlas. Hay tres ideas en ese tratado, le dice, “que torturaran a los lectores y son los siguientes: confundir “Dios y la naturaleza”, suprimir el valor de los “milagros” y, malentender la naturaleza de “Jesucristo”. Y Oldenburg termina con esta frase, que es una advertencia:
“Y pido que usted exprese claramente su opinión sobre estos tres puntos. Si usted lo hace así y sus opiniones son bien aceptadas por los cristianos sensatos y razonables, pienso que sus asuntos estarán a salvo”.
La última reflexión, a la vez teórica y práctica, es decir, moral, que H. Oldenburg hizo a Spinoza, su interlocutor de tantos años, la formula en términos bien ajustados:
“El poder del hombre está en tener un alma sana más que un cuerpo sano, ya que la salud física del cuerpo depende de principios mecánicos y, la salud del alma de la ‘proaíresis’ (facultad que distingue a los seres humanos de todas las demás criaturas). Epicteto lo define como: una facultad racional capaz de utilizar las impresiones y, a la que están subordinadas todas las demás facultades humanas y de la deliberación. Si se niega esto, habría que decir que el alma humana no obra de forma menos mecánica que el cuerpo”.
Y, puesto que esta reflexión está situada en un contexto de despedida, tiene, además del significado teórico, otro biográfico. La apelación a la libertad de filosofar, asociada a las dudas sobre su propia salud, dan al final de esta carta cierto tono de desencanto y, hacen de ella algo así como el testamento de Oldenburg con Spinoza. Le cuesta despedirse del amigo y por eso le cita para pronto.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.