Niels Bohr. La ciencia hace limpieza. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Los historiadores solemos ser conscientes, de que la historia está plagada de vanos intentos de las grandes mentes científicas y filosóficas, por reducir el lenguaje a una estructura lógica precisa. Pero también, como todos sabemos a nuestra costa, la conversación, rara vez, es un procedimiento lógico (por ejemplo, el gran filósofo-científico alemán del siglo XVII Leibnitz, ingenió un esquema, que reducía todos los argumentos morales, a valores matemáticos: al final de la discusión se sumaban los puntos y, el que tenía más, ganaba. ¡Si la vida fuera tan simple como la ven los genios…!
La sugerencia de Bohr, de la que hablamos en el texto anterior, era igualmente ingeniosa y, estaba igual de condenada. Así que se vio forzado a aceptar, que tales ambigüedades, eran inherentes al lenguaje. Empezaba a comprender, cómo unas interpretaciones conflictivas, podían existir simultáneamente. O sea, que “la mecánica cuántica postula que, a nivel subatómico, las partículas no obedecen las leyes de la física clásica. De hecho, entidades tales como los electrones, pueden existir como dos cosas diferentes a la vez, materia o energía, dependiendo de la forma en que se midan”. Estas incursiones filosóficas, suelen resultar desastrosas, para los científicos.
La filosofía se ocupa de cómo son las cosas y, la ciencia de cómo funcionan. En otras palabras, la ciencia ignora a la filosofía y va a lo suyo. Pero hay momentos en los que hasta la ciencia tiene que hacer limpieza y, preguntarse qué demonios está haciendo. El comienzo del siglo XX, fue uno de esos raros momentos.
Hubo anteriormente otro siglo, el XVII, cuando Galileo sugirió, que la ciencia tenía que adaptarse a la realidad, no a las meras ideas. La verdad se obtenía a través de la experiencia, no sólo del pensamiento. Este método alcanzó su apogeo, con los grandes descubrimientos científicos del siglo XIX, pero al llegar el XX, parecía de algún modo insuficiente. Las limitaciones del empirismo, estaban quedando al descubierto. La más flagrante de ellas se puso de manifiesto en 1905, cuando Einstein postuló su Teoría Especial de la Relatividad.
Contrariamente al concepto de la ciencia, hasta entonces imperante, la relatividad fue descubierta gracias al pensamiento. (Einstein se sirvió de la matemática, no de la experimentación).
Había algo realmente nuevo en el ambiente. La ciencia cuestionaba sus propios métodos y, a sí misma. ¿Qué era? ¿Qué hacía? El interés de Niels Bohr por la filosofía, hallaba eco en muchas mentes científicas destacadas de la época. (Einstein leía al filósofo escocés del siglo XVIII Hume, quien cuestionaba la noción de causa y efecto; otros estudiaban al filósofo alemán Kant, cuya epistemología trataba de explicar la naturaleza del espacio y el tiempo). La ciencia estaba pasando la prueba de la filosofía y, de ello, saldrían los fundamentos, de la mayor edad científica de todas: el siglo XX.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.