Baruch Spinoza. Fallecimiento. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Pero la prueba fehaciente de que Spinoza se moría, es el hecho de que la víspera había mandado venir a un médico amigo, por lo cual pensamos, con Colerus, que fue Meyer y no Schuller, el médico por él pedido. Murió pues asistido por Meyer, cuya cultura filosófica, le había sugerido la idea del “gallo”, pensando quizá en Sócrates (“Critón”); y su experiencia, también la del “caldo” hecho con él. Según lo convenido, quedó a solas con Spinoza en casa.
No obstante, es obvio que esta circunstancia, dio lugar a todo tipo de rumores, que Colerus se esmeró en enumerar y, en refutar una por una. Como es obvio, en nuestros días la sospecha oscila, entre la asistencia médica y, alguna forma de eutanasia. El hecho es que, como también estaba previsto, el médico se fue de inmediato, llevándose algunos objetos personales, como regalo del amigo, con lo cual evitó las preguntas de los curiosos, aparte de sus fieles hospederos.
Al día siguiente de la muerte de Spinoza, día 22 de febrero y, sin duda, antes de saber nada de ella, Oldenburg se queja por carta a Leibnitz, de que no le haya entregado a Spinoza, durante su pasada visita, unas letras suyas y, le pregunta “por qué motivo actuó así”. No tenemos noticias de que se lo haya aclarado.
El La Haya y en Ámsterdam, en cambio, todo estaba previsto y preparado, sin que Oldenburg ni Leibnitz supieran nada, ni quizá el propio Schuller.
En efecto, como Spinoza no había hecho testamento y, el hospedero tenía cuentas de gastos ordinarios pendientes, el mismo día de la muerte de Spinoza, el notario hizo un primer inventario de sus bienes, “el día de hoy” dice el texto. A pesar de ser breve, daba detalles, como los siguientes: una cama con sus cortinas, “un armario con diversos libros”, “una llave y un sello al lado”, “un par de hebillas de plata”, “un cuadrito que representa a un tipejo”.
Lo más sorprendente, por su elíptica brevedad es lo de un “armario con diversos libros”. Pero lo importante, en estos momentos, es decir que su escritorio con los libros y cartas – se entiende manuscritos – fue enviado, aquel mismo día, al librero, editor, amigo y, a modo de albacea, Jan Rieuwertsz. He aquí esta importantísima noticia, que será la clave de la historia que sigue, sobre la edición de las “Opera posthuma”.
Colerus lo refiere así:
“El hospedero de Spinoza, Hendryck van der Spyck, que aún vive, me ha contado que Spinoza había ordenado que su escritorio con los libros y cartas en él contenidos, inmediatamente después de su muerte, debería ser enviados a Ámsterdam, al librero Jan Rieuwertsz y, que él así lo hizo puntualmente. De hecho, Jan Rieuwertsz, en su respuesta al mismo van der Spyck, datada en Ámsterdam el 25 de marzo de 1677, reconoce haber recibido dicho escritorio”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.