No todas las posiciones son iguales
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
A Stefan Zweig, le parecía que la historia, nos guste más o menos, no versa tanto sobre el valor humano, como sobre su cobardía. Especialmente en política. Y el otro día Mariám Martínez-Bascuñán, nos recordaba que en su famoso “Fouché” escribió: “La culpa de los revolucionarios franceses, no es haberse embriagado de sangre, sino de palabras sangrientas. Después, cuando el pueblo pide guillotina, a los caudillos les falta el valor para negarse. Tienen que guillotinar, para no desmentir su cháchara acerca de la guillotina”. Pues sí, y ese es, a mi modesto entender, la historia del trumpismo.
Muchos de los de la turba que asaltó El Capitolio, en su reducida mente, puede que pensaran de verdad, que se había cometido un fraude electoral. Pero desde luego no, los senadores republicanos que alentaron, conscientemente, tamaña mentira.
Como el trumpismo nos recuerda, y ya he comentado veces anteriores, las palabras importan, porque jamás son inocuas. Decir la verdad, en cualquier ámbito, importa y mucho. Y el decirla o no, nos orienta también sobre lo que selectivamente decidimos banalizar o no. Porque las frágiles democracias también pueden morir, cuando decidimos qué es lo que debemos combatir enérgicamente, y lo que disfruta del extraño “privilegio de nos ser tomado en serio”, como apunta el periodista, escritor y defensor de los derechos LGTB, Masha Gessen. Seguramente eso explica, el gran contraste entre la reacción policial para controlar a los asaltantes al Capitolio, y la de cómo se prepararon para recibir el movimiento Black Lives Matter.
Mientras unos nos tomamos muy en serio eso de la democracia, otros buscan minar la arquitectura constitucional, las instituciones, que la posibilita. Por eso, me parece, la historia del trumpismo es también, la historia de la banalización de las verdaderas amenazas. Los supremacistas blancos no están, ni de lejos, en el mismo saco que el Black Lives Matter.
Si no navegamos con atención por las redes, estas se convierten en burbujas mediáticas, que crean auténticas realidades paralelas, dando cobijo a discursos políticos que, directamente, niegan la verdad de los hechos y promueven el odio. Porque la defensa de la democracia, se hace también desde la valentía de reconocer, que no todas las posiciones son iguales, aunque este argumento, muchas veces, se intente silenciar con la despectiva afirmación de “superioridad moral”. En realidad estamos hablando, del compromiso con un núcleo moral básico, que sostiene todo el entramado democrático; de la historia del liberalismo político y de la democracia.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.