Thor Heyerdahl y “Rapa Nui”. XI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El Rano Raraku (rano=laguna; raraku=rayado, estriado) en un cono volcánico extinto, uno más entre los cerca de setenta, que pueden contarse en la isla de Pascua. No es el mayor, no es el más alto, tampoco el más profundo, ni siquiera el más escarpado. Todo en él apunta a lo vulgar: ningún rasgo sobresaliente especial, ninguna singularidad impresa en su alma mineral. Puede presumir, eso sí, de aislamiento y, de un destino absolutamente excepcional, en el que la historia se ha sobrepuesto a la geología. De noche, sobre el cráter, la luna de invierno crea un mundo de claridades espectrales y, se hace cómplice del silencio. Entre rocas y espadañas, el pasado remonta el tiempo y, ya en la cumbre, se asoma a las estrellas, que guardan la memoria del pensamiento y, los hechos de los hombres.
No cabe duda de que el Rano Raraku justifica su apelativo de “cantera de los moáis”. Hasta el momento presente (2005), se llevan censadas cerca de 400 estatuas, en las dos vertientes – interna y externa – del borde sur del cráter, en todas las fases de tallado y transporte. Si a estas añadimos, las que existen en el resto de la isla – procedentes en abrumadora mayoría del Rano Raraku – el número total se eleva a casi mil. De la mayoría de las que actualmente se ven, en la zona inferior de las faldas del volcán, asoma sólo la cabeza y, poco más, de la cuarta parte del tronco. Los tres cuartos restantes, subyacen bajo sedimentos de tierra desmenuzada y, fragmentos de piedra astillada, que la erosión ha nivelado, para dejar crecer la hierba ¿Quién puede decir lo que el Rano Raraku esconde todavía en sus entrañas?
Actualmente la senda del parque, permite recorrer fácilmente la montaña y, adentrarse en este auténtico taller de titanes, en el que miles de toneladas roca, fueron moldeadas en una forma única, sujeta a un solo patrón estilístico (las excepciones son contadas). Si uno lo desea, puede beber de las mismas fuentes del misterio, pasear entre las pétreas figuras, acercarse a ellas, tocar el pasado con sus propios dedos… Todo sigue igual, la escena es la misma desde hace siglos. A lo largo y ancho del volcán, los moáis se despliegan en un enjambre de cabezas y cuerpos, cuyos rostros parecen escrutar el infinito y, cuyos troncos aparecen erectos, inclinados, tumbados o semienterrados. Los que habían empezado a ser transportados – terminada la fase del tallado y extracción de la roca madre – yacen al pie de la montaña, o diseminados por la herbosa ladera, en todas las posturas posibles.
En el flanco suroeste, allí donde el roquedo sustituye al pasto, la suave pendiente se resuelve de golpe, en aun abrupto cantil, que escala hasta la misma cima del Rano Raraku. Estamos en el corazón de la cantera, en las llamadas “cunas de moái”. Aquí, entre resaltes y angosturas de acceso, cuando menos problemático, decenas de gigantes se hallan aún prisioneros, en sus emplazamientos originales. Unos insinuados apenas, poco más que esbozos en la piedra gris. Oros ya formados y, claramente diferenciados del alvéolo, al que solo les une la famosa quilla dorsal que, al ser quebrada, dejaba en libertad el moái, listo para ser movilizado.
Los moáis que aún permanecen en su “cunas”, presentan disposiciones absolutamente anárquicas: se les puede observar en posturas paralelas, invertidas, o encontrados unos en relación con otros, sobre terrazas escalonadas horizontalmente, en oquedades angostas, o en taludes inverosímiles. Los hay en profusión. Esta presencia masiva de estatuas evidencia que, en el momento en que todo terminó, las labores de tallado y transporte, se realizaban a la par y, en proporciones abrumadoras. Una obra titánica, que debió exigir el concurso simultáneo, no ya de cientos, sino de miles, de trabajadores nativos ¿Por qué las esculpían? ¿Por qué ese afán obsesivo, casi epidémico, lleno de urgencia indeclinable? ¿A qué o a quien, querían perpetuar?
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.