Los godos y el Imperio romano. El “limes”. II
El mismo término “limes”, suponía semánticamente, una delimitación de un espacio y su superficie, como lo hacían también los de “termini” o “fines”, que se utilizaron, primero para separar tierras, dominios o áreas sepulcrales; después regiones y provincias y, finalmente, el imperio del resto de sus vecinos. A medida que el espacio se iba consolidando, acabó por definir una serie de ciudades, campamentos y centros militares, del más variado origen, que vigilaban lo que se consideraba el mundo conquistado, y lo separaban del todavía por conquistar. Pero esto suponía, inevitablemente, la existencia de una línea clara e inalterable, de centros de este tipo, pues sabemos de la pérdida de algunos puestos avanzados de las fronteras, que años después eran recuperados, para volver a perderse, en una especie de movimiento de fuelle constante. Tampoco significa que fuera una línea infranqueable, imposible en un espacio ocupado por los cursos del Rin y el Danubio, desde el mar del Norte hasta el mar Negro, con más de 6.000 kilómetros por controlar, donde habría grandes espacios abiertos, apenas sin vigilancia, de terrenos agrestes o con vecinos demasiado belicosos o, por el contrario, inofensivos. Estos espacios eran en realidad “tierra de nadie”, que solía ser ocupadas por “gentes” del uno y del otro lado, siendo el de mayor extensión, los llamados “Campos Decumates”, o territorios desprotegidos de forma natural, entre los nacimientos de los grandes ríos.
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