Baruch Spinoza. En La Haya. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Los últimos datos del año 1674 que podemos datar con seguridad, son las 6 cartas entre Hugo Boxel, pensionario de Gorcum, ya despuesto del cargo y Spinoza. Y, casi a la par, las primeras cartas con Walther von Tschirnhau.
De las cartas de Boxel basta decir, que él tiende a admitir, como “cristiano” y, pese a su rechazo de la doctrina “católica” del purgatorio, que tras los espíritus nocturnos o espectros nocturnos (“nachtspoken”) hay “espíritus” reales y, en última instancia, almas de difuntos. Por el contrario, Spinoza reduce los “espíritus” de Boxel a espectros y, estos a imágenes subjetivas y materiales. En cambio, cuando Boxel introduce la doctrina clásica de la creación libre del mundo por Dios, arguyendo que lo contrario sería hacerlos surgir al azar, sin causa o sin causa inteligente, como dijera Averroes, Spinoza le replica que su doctrina de la libre necesidad es la única que evita el azar radical en el origen, porque hace surgir el mundo de Dios, ser eterno e infinito, como causa inmanente, mientras que la libertad como indiferencia implicaría contingencia y, por tanto, azar.
Las primeras 4 cartas con Tschirnhaus, a la sazón un joven de 23 años, son el primer debate a fondo, sobre conceptos básicos de la Ética e, incluso del TIE (Tratado de la reforma del entendimiento). El primero se refiere a la libertad humana, en el que el alemán adopta una actitud más o menos cartesiana, mientras que Spinoza introduce ahí, la célebre imagen de la piedra lanzada, que prosigue su movimiento por inercia, para explicar que la libertad humana es similar a la de Dios, libre necesidad.
Ahora bien, es durante la continuación de ese diálogo con Tschirnhaus y, del tercero o tercera etapa con Oldenburg, cuando se produjo un hecho de gran transcendencia y, que tuvo que ser doloroso para Spinoza, a saber, que se vio forzado a retirar su Ética de la imprenta. Como hiciera 10 años antes, cuando había decidido interrumpir su redacción, para iniciar de la del TTP (Tratado teológico-político) también ahora se lo comunica en una carta a H. Oldenburg. El texto es de capital importancia, tanto por el hecho como por sus circunstancias:
“En el momento en que recibí su carta del 22 de julio, partí para Ámsterdam con la intención de mandar imprimir el libro de que le había hablado en otra carta. Mientras hacía estas gestiones, se difundió por todas partes el rumor de que un libro mío sobre Dios estaba en prensa y, en el que intentaba demostrar en él que no existe Dios y, muchos daban crédito a dicho rumor. Algunos teólogos (los autores, quizá, de dicho rumor) aprovecharon la ocasión de querellarse de mi ante el príncipe y los magistrados. Además, algunos estúpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis opiniones y escritos, ni han cesado todavía. Cuando me enteré de todo esto por hombres dignos de crédito, que me dijeron, además, que los teólogos me tendían por todas partes asechanzas, decidí diferir la edición que preparaba, hasta ver en que paraba el asunto y, comunicarle, llegado el momento, cual era mi opinión. Pero el asunto parece ir cada día a peor y, por tanto, no sé qué hacer”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.