El primer “ochomil”. “El Annapurna”. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Después de la fuerte tormenta nocturna, el amanecer trajo una calma relativa y, los dos hombres (Herzog y Lachenal) calzándose con trabajo las botas endurecidas por el intenso frío, se pusieron en camino a las seis de la mañana, sin cuerdas ni oxígeno (la expedición no lo llevaba). La pendiente, pese su moderada inclinación, le obligaba a detenerse con frecuencia. La latitud imponía su ley. Cada paso, era una pequeña victoria de la voluntad. Marchaban ensimismados, sin cruzar palaba entre sí, cada cual, encerrado en su mundo interior, conscientes de las deficiencias de su estado mental y, de la torpeza de sus reflejos.
Se presentó un momento de duda cuando Lachenal pensó que se le estaban congelando los pies. Preguntó a su compañero que haría, si el se daba media vuelta. La respuesta de éste, tras reflexionar unos instantes en renunciar a todo, cuando faltaba tan poco, malograría los esfuerzos y el heroísmo desplegado día a día, no sólo por los miembros de la expedición, sino por los culis y los sherpas, fue que continuaría solo hacia la cima. Esta mínima conversación bastó para provocar un cambio psicológico en su mutua actitud. Ahora ambos se sentían como hermanos. La duda se esfumó para dar paso a la euforia por el triunfo presentido.
Llegaron así al pie del corredor que desembocaba en la arista cimera. Era la última defensa de la montaña, una escalada relativamente sencilla, pese a su pronunciada pendiente, apta para servir de escuela a cualquier principiante, pero no a 8.000 m de altitud. Por suerte, la nieve era compacta y, los crampones “mordían” con soltura y seguridad. Lentamente, pero firmes en su propósito, consiguieron vencerlo y salir a la arista. Allí sus miradas, ansiosas, buscaron la cima. Cada 4 pasos tenían que detenerse durante más de un minuto, para recuperar la respiración. Hasta que un viento brutal, descrestando desde la vertiente opuesta, les azotó el rostro. En ese momento lo comprendieron todo: el Annapurna, 8.091 m estaba vencido. Era las dos de la tarde del 3 de junio de 1950, día histórico en los anales del himalayismo. El ser humano acababa de someter a su primer “ochomil”. Herzog apenas podía creérselo. “Estaba paralizado por la emoción. Jamás había sentido una alegría tan grande y tan pura… Nuestra misión estaba cumplida, pero algo mucho más grande se había conseguido. ¡Que hermosa sería la vida ahora!... ¡Ah, si lo supieran los otros! ¡Si todos lo supieran!
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.