Talleyrand en América. I
Cuando tras una accidentada travesía de 38 días, Un Talleyrand que rondaba los cuarenta desembarcaba en abril en el puerto de Filadelfia, por aquel entonces la capital de los EE.UU. quienes lo habían conocido antes se habrían dado cuenta de cómo había cambiado físicamente. Había engordado y sus facciones, que se habían hecho más densas, más gruesas junto con su nariz, que fue siempre algo respingona, empezaron a darle aire un tanto feminoide que caracterizará su aspecto a lo largo de la segunda mitad de su vida. El aumento de peso hizo que su cojera se notara más. Desde el primer momento se dio cuenta de que allí nunca llegaría a encontrarse en su ambiente.
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