Talleyrand. Un pasaporte. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Desde Londres, Talleyrand acusado por la Convención de haber ofrecido en su día sus servicios a Luis XVI, se esforzó denodadamente en defenderse asegurando que nunca mantuvo contactos personales con Luis, pero la Convención se negó a darle crédito y decretó su arresto. Además, su nombre fue inmediatamente incorporado a la lista de los emigrados, algo que Talleyrand había tratado de evitar por todos los medios. Además, a su nombre se unieron los de 17 miembros de su familia, entre los que se incluía su madre, la mayor parte de los cuales ya se habían puesto a salvo allende las fronteras de Francia. A su cuñada, la mujer de Archambaud, no le había dado tiempo y hubo de pagar muy cara su demora.
Para entonces los ejércitos de la República ya habían invadido los Países Bajos y el pueblo estaba entusiasmado. Esta obsesión será, en el fondo, la idea motora del pensamiento político de Talleyrand, que, años después, lo llevará a romper decisivamente con Napoleón en 1808.
Talleyrand disponía en Londres de algunos fondos derivados de las inversiones aconsejadas por Panchaud, pero distaba de ser una fortuna y estaban condenados a disminuir. Tampoco con la venta de su maravillosa biblioteca obtuvo la cantidad que esperaba recibir. Así que arrendó una casita en Kensington Square, cerca de Hyde Park y, empezó una vez más a intentar tejer relaciones con liberales whigs situados en puestos clave y, con algún agente diplomático del Gobierno de Pitt.
Los refugiados franceses liberales, entre los que se encontraba, Narbonne y Adélaïde, se habían instalado en una propiedad conocida como Juniper Hall cerca de Dorking en Surrey, es decir, no lejos de Londres. La mansión, perteneciente a una generosa familia inglesa liberal, los Philips, se había convertido en refugio de princesas, duquesas y condes franceses que se habían apuntado a la causa de la Revolución, pero desde una sana y razonable moderación. Ni que decir tiene que los emigrados ultrarrealistas detestaban a Talleyrand y, veían y procuraban hacer ver en él a los ingleses que frecuentaban, la mismísima encarnación del diablo. En cambio, el círculo de Juniper Hall acogió al ex obispo con los brazos abiertos.
Además, allí se hallaban la de Flahaut y su hijo común Charles. Cortada la relación sentimental que lo había traído al mundo, el amante en titre de Adélaïde era ahora nada menos que el hijo del reconocido liberal William Petty, marqués de Lansdowne, que había sido ministro de Asuntos Exteriores antes de que Pitt lo apartara del Gobierno.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.