Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Los beluchistaníes parecían amotinarse de continuo, tomando cualquier gesto por parte de Richard F. Burton, como señal de su debilidad.
Al poco tiempo, tanto Burton como Speke fueron afectados por la malaria, pero se obligaron a continuar, recorriendo 118 millas en 18 días a pesar de su enfermedad y, de los diversos problemas, que ya parecían inevitables e irremediables. Cada una de las etapas del periplo, fue por fuerza corta. A causa del calor comenzaban bien pronto.
“A las tres de la madrugada todo está en silencio, como un sepulcro… Más o menos una hora más tarde, el canto el gallo me hace saber que se acerca el alba”.
Los nativos de Goa encendían la hoguera temblando de frío – la temperatura era de uno 10º C, comenta Burton – y preparaban el desayuno. Burton y Speke tomaban café o té, arroz con leche y pasteles con yogur, en ves de levadura, o porridge. Al fondo, los beluchistaníes entonaban sus oraciones matinales (Burton, al parecer, había prescindido de las prácticas de la religión islámica durante el safari, aunque se le trataba como “Haji Abdullah”, ya que se conocía y se respetaba el hecho de que hubiese peregrinado a La Meca).
A las cinco, el campamento estaba “bastante recogido”. Ése era un momento crítico diario: “Los porteadores habían prometido la noche anterior emprender el camino temprano y, realizar una marcha suficientemente larga. Y se iniciaban las discusiones.
Cuando todo estaba listo, el jefe principal, ataviado con pellejos de animales, desplegaba una bandera roja, “señal de que la caravana procedía de Zanzíbar”, y emprendía la marcha, seguido de cerca por un pagazi que aporreaba un timbal.
Tras haberse repuesto de su ataque de malaria, Burton contrajo la llamada fiebre de los pantanos. Paso 20 días muy enfermo, mientras la caravana atravesaba una tierra inhóspita. Por molestos y desazonantes que fuesen esos achaques, es posible que sirvieran para curar a Burton de su sífilis, pues sabía ya entonces que la fiebre alta acababa con las espiroquetas. Fuera como fuese, tanto por estas fiebres, como las que tuvo más adelante, Burton salió de África recuperado de la sífilis, aunque aquejado de otros males. Pese a todo fue una experiencia agotadora.
Entretanto, Speke contrajo un ataque de fiebre del que se repuso pronto, aunque recayó enseguida. “Jack estaba en peores condiciones que yo”, escribió Burton. “Mi compañero sufrió aún con mayor dureza; tuvo una serie de desmayos, que me parecieron producidos por una insolación y que, desde luego, le afectaron al cerebro de forma permanente.”
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.