El átomo y los antiatomistas. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“Toda la filosofía moderna gira en torno
a la dificultad de describir el mundo, en
términos de sujeto y predicado,
de sustancias y cualidades, de
particulares y universales”
A. N. Whitehead
1. Aristóteles
Igual que la de Platón, la obra filosófica de Aristóteles de Estagira (“el Estagirita”) es inmensa. Conviene añadirle, una no menos considerable obra científica que, aún no siendo, en buena medida, más que una compilación, lleva el sello personal de la lógica y, de vez en cuando, de la imaginación de su autor. Digamos inmediatamente que, a diferencia de Platón, que, pese a oponerse a la concepción de los átomos de Leucipio-Demócrito-Epicuro, propuso una variante “geométrica” de los mismos. Aristóteles adopta en esta cuestión, una actitud esencialmente negativa, rechazando a la vez las proposiciones de los atomistas y, las de su maestro en filosofía. El Estagirita será el más ilustre de los antiatomistas antiguos y, el precursor de muchos de los posteriores y, su opinión, contará durante siglos debido al prestigio, al aura de casi infabilidad, asociada al conjunto de sus doctrinas. De hecho, encontraremos restos de un antiatomismo del tipo aristotélico (modificado y ciertamente moderado) incluso en los albores del siglo XX.
Para clarificar la posición de Aristóteles, conviene recordar algunos principios fundamentales de su pensamiento filosófico, más aún, cuando el conflicto con el atomismo, se perfila en ellos inmediatamente, al mismo tiempo que aparece su oposición, a la doctrina de Platón. Por lo demás, es por el contraste con esta última, como se presenta, a menudo, la filosofía de Aristóteles. Platón sitúa el mundo “real”, en el reino de las “Ideas”, hace del mundo sensible, una simple copia del mundo real y, explica el conocimiento, como un reflejo, del adquirido anteriormente por el alma, en el mundo superior. Aristóteles rechaza una tal separación, entre las cosas sensibles y sus esencias. Toda si visión del mundo se basa, en el concepto de una relación indisoluble, entre materia y “forma”, que representa los dos “principios” del ser; el término “forma”, no tiene aquí su significado habitual, geométrico, sino que representa el conjunto de las propiedades que definen, la especificidad de un objeto o un ser; dicho de otro modo, las que hacen que sea lo que es. Esta relación es indisoluble, en el sentido de que los dos principios, aunque discernibles por el pensamiento, no pueden existir separadamente, uno del otro. Todo objeto es el producto combinado de ambos. Esta es la doctrina del hilemorfismo (hylé=materia, morphé=forma)
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.