El átomo y los atomistas. Platón. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Limitándonos a las enseñanzas de Platón, respecto a las sustancias primordiales y, a la concepción corpuscular de la materia, lo más sencillo es separar la intención de la ejecución, y, en esta, el núcleo positivo, de los aderezos superfluos.
La intención es , obviamente, ir más allá de la creencia – muy generalizada en aquella época – de que existen cuatro substancias primordiales, consideradas como los constituyentes últimos de la materia, en la medida en que dicha concepción, no satisfacía ni a quienes veían en la naturaleza, algo básicamente inmutable, ni a quienes veían en ella, sobre todo, el cambio, De ahí la voluntad de definir, una unidad de la materia, a un nivel más elemental. Se trata ya de un enfoque, de carácter decididamente atomista. Una motivación adicional, ciertamente inspirada por la influencia pitagórica, era el deseo de “matematización” de la naturaleza (el mejor modo, según Platón, de tender un puente, entre el mundo de las ideas y el mundo sensible) Este segundo enfoque, tiene un carácter decididamente “mecanicista”.
Aunque la teoría de Platón de los poliedros y, de los omnipresentes triángulos, es una prueba indiscutible de su brillante imaginación, es difícil eludir la conclusión, de que dicha teoría, no le otorga un lugar indiscutible, entre los grandes científicos de la historia. No es más que una especulación matemática, con un fundamento estético. Bertrand Russell habría podido citar estas fantasías, para ilustrar su afirmación según la cual, en las ciencias, “las ideas preconcebidas de origen estético, pueden inducir a error, tanto como las de origen moral o teológico”. Si añadimos además a esta mezcolanza, el argumento teleológico, de una finalidad impuesta, por el pensamiento divino creador, que aparece desde el comienzo mismo de la creación, de un mundo estructurado, vemos hasta que punto el papel, de los poliedros-átomos de Platón, difiere del de los corpúsculos-átomos de Leucipo y Demócrito. Como dice Partington, “los átomos (de Platón) no son causa, sino co-causa”. Los dioses del trio de los atomistas “clásicos”, se mantenían en la sombra y, el universo de estos filósofos era, por tanto, puramente “mecanicista”. Da la impresión de que el mundo de Leucipo-Demócrito, era demasiado “frío”, demasiado desprovisto de transcendencia, para satisfacer al alma más poética de Platón.
En estas condiciones, ¿merece Platón ocupar un lugar, en la historia del “movimiento” atómico? Yo diría que sí, por lo que respecta al “pensamiento” atómico, pero no, por lo que respecta a la “teoría” atómica. Su imaginativo enfoque del atomismo e tan fantasioso, sus proposiciones tan arbitrarias y, sus argumentos estéticos tan artificiosos, que, en conjunto, no tiene nada de extraño, que no haya desempeñado un papel muy importante, en el desarrollo de la teoría atómica. De hecho, nunca cita el nombre de Demócrito, en ninguna de sus obras, ni siquiera para contradecirlo. Según se dice, hubiera querido quemar todos sus escritos.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.