Mecánica cuántica. El mago cuántico. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El Instituto Bohr, estaba esforzándose en conseguir más espacio, para albergar un “staff” permanente de 6 personas fijas y, unos 12 visitantes. Bohr estaba haciendo planes para expandirlo. Durante los dos años siguientes, se compraron los terrenos en los alrededores y, se erigieron dos nuevos edificios, que permitieron duplicar la capacidad del Instituto. Bohr y su familia se mudaron entonces, a un piso en el nuevo edificio construido al efecto. La ampliación, supuso una renovación considerable del edificio, que incluía más espacio para despachos, un comedor y un nuevo piso independiente, con tres habitaciones, en el último piso. Fue ahí, donde Wolfgang Pauli y Werner Heisenberg, solían quedarse en los años posteriores.
Pero, aunque la actividad fundamental del Instituto, giraba en torno a la física, no se hallaba limitada a ella, sino que abarcaba también otras actividades, como veladas musicales, tenis de mesa, excursiones y, visitas al cine, para ver alguna que otra película.
Eran muchas las expectativas, con las que Heisenberg llegó al Instituto y, quizá por ello mismo, los primeros días que pasó ahí, le dejaron bastante frustrado. Espera pasar un tiempo con Bohr, cada vez que atravesaba la puerta de entrada, pero lo cierto es que apenas le vio. Habituado a ser el mejor, se veía súbitamente enfrentado, al grupo de brillantes jóvenes físicos, que rodeaban siempre a Bohr. A decir verdad, se sentía intimidado por ellos. Hablaban varios idiomas, mientras que él, sólo se expresaba bien en alemán. Disfrutaba tan sólo, de las excursiones al campo con sus amigos. Y Heisenberg creía que todo el mundo, en el Instituto, poseía una experiencia del mundo, que a él se le escapaba. Pero nada, sin embargo, le desalentaba más que la idea, de que todos sabían más física atómica que él.
Siempre se preguntaba, si en algún momento, tendría la oportunidad de trabajar con Bohr. Un buen día, mientras estaba en su habitación, alguien llamó a su puerta y, cuando abrió, descubrió que se trataba del propio Bohr. Después de pedirle perdón por estar tan ocupado, le propuso ir de excursión. Había pocas oportunidades, según le dijo, de poder hablar en el Instituto, con cierto detenimiento ¿Y qué mejor forma de llegar a conocerse, que pasar un parde días paseando y charlando? Era el pasatiempo favorito de Bohr.
A primera hora de la mañana siguiente, tomaron el tranvía para dirigirse al norte de la ciudad, dese donde emprenderían su paseo. Bohr le pregunto a Heisenberg por su infancia y, lo que recordaba sobre el estallido de la guerra, 10 años antes. Después de pasar la noche en una posada, se dirigieron a la casa de campo de Bohr en Tisvilde, antes de regresar, al tercer día, al Instituto. El paseo de 150 km. había tenido el efecto que Bohr quería y, que Heisenberg anhelaba, aumentando su conocimiento mutuo.
Hablaron de física atómica, pero cuando finalmente regresaron a Copenhague, Heisenberg estaba más interesado por Bohr, el hombre, que por el físico. Jamás había conocido a alguien como Bohr, con quien pudiese hablar de cualquier cosa. A pesar de su preocupación, por el bienestar de todos los miembros de su Instituto, Sommerfeld asumía el papel tradicional, del profesor alemán, manteniéndose a cierta distancia de sus subordinados. Y difícilmente en Gotinga, se hubiera atrevido Heisenberg a hablar con Born, del tipo de temas que él y Bohr, habían debatido con tanta libertad. Y es que, aunque Heisenberg no lo supiera, era Pauli, cuyos pasos siempre le parecía estar siguiendo, quien se hallaba detrás de la cordial acogida, que Bohr le brindaba.
Pauli siempre se mostró profundamente interesado, en lo que Heisenberg estaba haciendo y, se mantenían continuamente al tanto, de sus últimas ideas. Fue así como, poco después de regresar a la Universidad de Hamburgo, Pauli se enteró de que Heisenberg, estaba a punto de pasar unas semanas en Copenhague y, escribió a Bohr. Que un hombre conocido por su mordacidad, describiese a Heisenberg como un “genio dotado” que “un buen día revolucionaría la ciencia”, impresionó profundamente a Bohr.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.