Hace ya días, un internauta respondió a un post de un amigo en facebook escribiendo: “Dios es lo Absoluto” o algo así. Pensé por unos segundos responder con la anécdota, ya citada algunas veces, que cuenta Norberto Bobbio, de lo sucedido en el metro de Nueva York: Alguien escribió en una de sus paredes: “Dios es la respuesta”. Y al día siguiente apareció, también escrito y a modo de contestación: ¿Cuál era la pregunta? Igualmente, no hace mucho, con motivo de haber subido a mi Blog, la gran controversia sobre el marxismo entre Kautsky y Bernstein, recibí dos correos particulares (uno sin firma) atacándome duramente, por no haber defendido en mi texto, la interpretación más ortodoxa del marxismo. Ambos correos, me pareció, despedían un tufillo casi religioso, y una especie de nostalgia, por un pensamiento de lo absoluto al que continuar agarrándose. Y finalmente, hace ya unas semanas, leí los comentarios de John Carlin en El País sobre el libro “Animales de partido”, del antiguo comunista, hoy columnista del Times en Londres, David Aaronovitch.