Un mundo feliz
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Se escribió mucho sobre los duros años treinta (Steinbeck entro otros). El hastío y las preocupaciones, iban incluso más allá, de la dura realidad del desempleo en todo el universo. Y este pesimismo fue captado de manera inigualable, a mi entender, por Aldous Huxley en su novela “Un mundo feliz”.
Nieto de Thomas Henry Huxley “el bulldog de Darwin”, y hermano del eminente biólogo Julián, Aldous había nacido en 1894. Su corta vista le eximió de servir durante la Primera Guerra Mundial, por lo que pasó aquellos años trabajando en la granja de Lady Ottoline Morrell, cerca de Oxford. Y allí conoció, entre otros, a Lytton Strachey, T.S. Elliot, D.H. Lawrence y Bertrand Russell.
Huxley, que gozaba de una vasta cultura y un amplio escepticismo, ya había escrito cuatro libros, en los albores de los años treinta, entre los que se incluían las novelas “Los escándalos de Crome” y “Heno antiguo”. En 1932 publicó “Un mundo feliz”, una novela antiutópica, una muestra pesimista de las posibles y terroríficas consecuencias, del pensamiento del siglo XX.
Los objetivos de su libro eran, sobre todo, la biología, la genética, la psicología de la conducta y la mecanización. “Un mundo feliz” está ambientado en un futuro lejano, en el año 632 d.F. (o sea, “después de Ford”, lo que lo situaría, más o menos, en el 2545 d.C.). La tecnología ha evolucionado, y una técnica conocida como el “proceso Bokanovsky”, permite que un ovario, sometido a determinadas condiciones, engendre a dieciséis mil personas, perfectas en virtud de las matemáticas mendelianas, que constituyen los pilares de una nueva sociedad, en la que conviven grandes cantidades de personas, más iguales que nunca las unas a las otras.
El sexo está sometido a un estricto control: a las mujeres se les permite que tengan, una sustituta de embarazo, y existen cartucheras, conocidas como “cinturones de Malthus”, que en lugar de alojar balas, sirven para guardar anticonceptivos. La poligamia constituye una norma aceptada, mientras que la monogamia resulta vergonzosa. La familia, así como las relaciones de parentesco, son conceptos por completo anticuados. Querer pasar el tiempo solo, resulta indecoroso, así como enamorarse o leer libros por simple placer. Pero Huxley también muestra gran cuidado, en dar a entender que aún existen el esnobismo y los celos, así como la soledad, “a pesar de los muchos intentos qué se han llevado a cabo de erradicar los sentimientos”.
Con todo, y según estimo, Huxley es un escritor muy divertido. Su visión del futuro no es enteramente negativa; la élite aun puede disfrutar de la vida, como suele suceder siempre con las élites. Y quizá, es en este sentido precisamente, en el que puede vincularse el pensamiento de Huxley al de Freud. Recordemos que el padre del psicoanálisis, pensaba que un mayor conocimiento del “superyo”, a través del psicoanálisis, acabaría por desembocar en un mayor conocimiento de la ética y del respeto a la misma.
Aunque hay que precisar, que Huxley se mostraba más escéptico a este respecto, y su teoría se acercaba más a la de Bertrand Russell. Así pensaba que no existían el bien y el mal absolutos, y que el hombre debía renovar, de forma continua, sus instituciones políticas, a la luz de los nuevos conocimientos, con el objeto de crear la mejor sociedad posible.
La sociedad de “Un mundo feliz” puede parecernos terrible, pero los protagonistas del relato, tiene una opinión completamente distinta, pues no conocen ninguna alternativa, no saben de otras civilizaciones diferentes de la suya, por lo que viven en ella bien felices.
Para tener el mundo que uno quiere – afirma Huxley – se debe luchar por él. Por extensión, si el mundo está derrumbándose, es porque no se ha luchado lo suficiente por él. En este punto se mostró más clarividente que sus contemporáneos, en 1932, al predecir que se acercaba una guerra.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.