La Constitución de los EE.UU. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El 21 de febrero de 1787, el Congreso continental apoyó la celebración de la Convención Constitucional de Filadelfia, siempre que ésta se limitara a la revisión de los Artículos de la Confederación. Sin embargo, el trabajo preparatorio que James Madison realizó durante el invierno y la primavera – comparando las distintas formas de gobierno y analizando los vicios del sistema político norteamericano – era más bien un cambio radical respecto a 1776, para establecer un gobierno nacional, basado en la división de poderes, que eliminara “la tiranía de las Asambleas”.
74 delegados de doce Estados – Rhode Island no envió ningún delegado – fueron designados por sus Legislaturas para asistir a la Convención, pero solamente asistieron 55. Todos ellos pertenecían a las élites norteamericanas. Tenían fortuna personal, sólida preparación intelectual, e intensa experiencia política. El 60% había asistido a la universidad – 9 a Princeton, 4 a Yale, 3 a Harvard – 34 eran abogados, el resto comerciantes, banqueros y plantadores, y muchos de ellos eran poseedores de deuda pública. De la generación de la Revolución, los nombres más distinguidos eran George Washington que ejerció de presidente, y Benjamin Franklin, que tenía ya ochenta y un años. El resto era más joven, entre los treinta o cuarenta años. Entre las personalidades políticas, no asistieron por estar en contra de la revisión de los Artículos, ni Samuel Adams (Massachusetts), ni Patrick Henry (Virginia). Tampoco asistieron ni John Adams, ni Thomas Jefferson, por estar sirviendo como embajadores en Londres y París respectivamente, pero sus puntos de vista estaban ampliamente representados por Gouverneur Morris (escritor del Preámbulo de la Constitución) y James Madison, respectivamente.
Este grupo selecto y escogido de 55 hombres, que representaban los grandes intereses económicos, estaba de acuerdo en lo esencial: el gobierno nacional debía reforzarse. Dicho gobierno debería ser capaz de recaudar sus propios impuestos, aprobar leyes, y haverlas cumplir con su propia Administración. Aislados de la presión de la opinión pública, discutiendo em sesiones secretas, los delgados tuvieron total libertad para deliberar, cambiar de opinión y llegar a compromisos.
Dos compromisos fueron esenciales, para resolver los desacuerdos en cuanto a representación en el Legislativo, entre los Estados grandes y pequeños, y los del norte y los del sur. Apelando a la igualdad, los Estados pequeños – más interesados en revisar los Artículos, que en hacer una nueva Constitución – exigían una representación igual de los Estados, mientras que los estados grandes, señalaban que la igualdad era de hombres más que de Estados, por lo que la representación debía ser proporcional, al número de habitantes de cada Estado. El llamado “Gran Compromiso o Compromiso de Connecticut” – en realidad una concesión de los grandes Estados – logro el acuerdo, estableciendo una Legislatura bicameral – el Congreso – con dos cámaras y sistemas de representación distintos. En la Cámara de Representantes, sus componentes serían elegidos popularmente, en proporción al número de habitantes de cada Estado. Pero en el Senado, todos los Estados tendrían la misma representación: dos senadores elegidos por las Legislaturas de cada Estado.
Aún existía mayor división y conflicto, entre los Estados del norte y del sur. Por un lado, los del norte tenían una mayoría de población libre, pero se esperaba que ésta pronto fuera mayor en el sur, pues el suroeste se estaba poblando más rápidamente que el noroeste. Por otro lado les dividía el tema de la esclavitud, y la pretensión del sur de no abolirla, así como la intención de contar los esclavos, a la hora de establecer el número de sus representantes en la Cámara.
El compromiso a que se llegó, ofrecía algo a ambas partes. Con igual representación en el Senado, el sur tenía la seguridad en el presente, de contar con mayoría frente al norte. Mientras que el norte aseguraba una mayoría frente al sur, una vez se hubieran convertido en Estados los territorios del noroeste. Asimismo, la Convención otorgó una proporción extra de poder, a los blancos del sur, al incluir a 3/5 de los esclavos de los Estados, en el recuento de población.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.