La Constitución de los EE.UU. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Aunque ya antes de la Declaración de Independencia, se había constituido un Comité para elaborar un borrador de Constitución nacional – el Informe Dickinson, que proponía asignar al Congreso las funciones de gobierno central – hasta noviembre de 1777, el Congreso no aprobó los artículos de la Confederación, que tardarían cuatro años más en ser ratificados por los Estados.
Para ganar la guerra de independencia, los Estados sabían que tenían que tener cierta unidad de acción y una autoridad común, pero el odio y temor a un poder central – como el de la Corona británica – y la competencia y rivalidad entre los diversos Estados, en ausencia de un nacionalismo americano, les hacía reacios a adoptar un gobierno nacional permanente, por encima del poder de los propios Estados. Solamente las dificultades financieras durante la guerra, la necesidad de resolver el problema de la colonización de las tierras del oeste, y las presiones de Francia, llevaron a los Estados a ratificar los artículos de la Confederación, en febrero de 1781.
El periodo en que estuvieron vigentes los artículos de la Confederación, entre 1781 y 1788, se conoce como el “periodo crítico”, según el apelativo empleado por el historiador John Fiske en 1889, pues coincidió con las dificultades económicas, políticas y diplomáticas del final de la guerra. Sin embargo, estas dificultades han oscurecido los logros muy importantes de la Confederación, como ganar la guerra contra los ingleses, conseguir unos términos de paz favorables y, especialmente, organizar la colonización de las tierras del oeste, en realidad el único aspecto en el que la Confederación podía legislar.
Pero cuando acabó la guerra, los diversos Estados dejaron de preocuparse por el tema de la unidad. Y los Artículos de la Confederación, mostraron su impotencia para poder legislar y ejecutar, sobre temas fundamentales. Los Estados comenzaron por seguir ignorando sus obligaciones financieras, y no podían pagar las pensiones del Ejército continental, ni las deudas de guerra con Holanda y Francia. Tampoco podían cumplirse los términos del tratado de paz con Gran Bretaña, pues los Estados se negaban a devolver las propiedades a los “tories”, y pagar las deudas anteriores a la guerra. También la Confederación se mostraba impotente, para enfrentar la depresión económica posbélica.
A todo estos problemas se unió, el de que la política de los nuevos Estados, estaba regulada por las potentes Asambleas legislativas, ampliadas y democratizadas para incorporar a las clases medias, en detrimento de los poderes ejecutivos y judiciales. Este aumento de representación en la política de los Estados, significó la aparición en ellos de una nueva élite política de clase media, y una multiplicación de intereses que satisfacer a nivel local; llenando la política de los Estados de localismos, “tiranía de las Asambleas”, anarquía e incapacidad para proteger las propiedades y/o pagar los créditos. Precisamente, uno de los principales conflictos de intereses de la posguerra y del “periodo crítico”, y que las Legislaturas de los Estados no supieron resolver satisfactoriamente, fue el que existía entre deudores y acreedores, en torno a la forma de pagar las deudas prebélicas.
El camino que llevó a Filadelfia y a la Constitución federal de 1787, comenzó en 1784, cuando James Madison medió en la disputa entre Virginia y Maryland, sobre los impuestos de navegación por el río Potomac y la bahía de Chesapeake. Después de que ambos Estados llegaran a un acuerdo, la Legislatura de Virginia encargó a Madison, que convocara una reunión de todos los Estados, con el objeto de que concedieran al Congreso, el poder de regular el comercio.
A la reunión de Annapolis, Maryland, en 1786, solamente asistieron doce representantes de cinco Estados. Pero Alexander Hamilton (Nueva York) y James Madison (Virginia), convencidos ambos, de la necesidad de reformar los Artículos de la Confederación, convocaron otra reunión en Filadelfia en mayo de 1787, para discutir todos los problemas económicos, financieros y políticos, a los que se enfrentaba el país.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.